viernes, febrero 29, 2008
la inflación devora a sus propios padres
Los dos grandes ideólogos de tipo-de-cambio-real-a-salarios-chinos-y-estable empiezan a horrorizarse ahora que miran bien la fisonomía monstruosa de lo que yo creo -ellos no- que es la criatura de su teoría. Ya vimos a Roberto Frenkel volver a su mejor versión, la discusión sobre la inercia inflacionaria, y ahora Eduardo Curia, of all people, pide algo que llama "una meta de inflación" que vaya uno a saber si es o no el sistema de metas de inflación.
jueves, febrero 28, 2008
no prendió
El penal colectivo no tuvo una acogida favorable entre los 183 comentaristas a un post maratónico de La Redó sobre el tema.
a guillermo con cariño
From: lacienciamaldita@gmail.com
To: gmoreno@mecon.gov.ar
Guille,
Te paso una lista de rubros que, me parece, deberías considerar retirar de la canasta del IPC en cada momento del año. Según mis observaciones, en cada época que te detallo tienden a subir de manera desmesurada los productos señalados:
Enero: sombrillas, trajes de baño, hoteles.
Febrero: tarjetas de San Valentín.
Marzo: Útiles escolares. Colegios. Universidades.
Cuaresma: Pescado.
Pascua: Huevos de ídem.
Abril: En este mes podés dejar todos los rubros, aunque hay gente que compra chalecos por el otoño. Ah, escobas para barrer hojas, eso sí.
Mayo: Escarapelas.
Junio: Cada cuatro años, camisetas de la selección. Todos los años: camiseta del club que se alza con el Torneo Clausura. Banderas argentinas (sugerencia: podés medirlas después del 20 de junio porque capaz quedá un stock en liquidación). Bufandas. Calefactores.
Julio: Suéters. Camperas. Calzoncillos largos. Consultas a doctores especializados en resfríos y gripes. Se recomienda no medir el aglomerado de Carlos Paz. Bolsas de agua caliente.
Agosto: Esquíes. Chocolate.
Septiembre: Algodones de azúcar en Palermo. Psicólogos (me dicen que la gente que no está enamorada se pone triste en primavera). Sugerencia: meter ahora los suéters y camperas.
Octubre: Retratos de Cristóbal Colón.
Noviembre: Remeras de manga corta. Shorts. Bermudas. Aires acondicionados. Serivicios de instalación de aires acondicionados. Ventiladores. Abanicos. Servicio de pileteros.
Diciembre: Regalos de Navidad. Papel de envolver. Disfraces de Papá Noel. Barba de Papá Noel. Servicios de show y catering. Avellanas. Pan Dulce. Sidra.
No es una lista exhaustiva, pero creo que es un comienzo. Espero que sirva. Duro con Martín. Saludos,
Rollo.
To: gmoreno@mecon.gov.ar
Guille,
Te paso una lista de rubros que, me parece, deberías considerar retirar de la canasta del IPC en cada momento del año. Según mis observaciones, en cada época que te detallo tienden a subir de manera desmesurada los productos señalados:
Enero: sombrillas, trajes de baño, hoteles.
Febrero: tarjetas de San Valentín.
Marzo: Útiles escolares. Colegios. Universidades.
Cuaresma: Pescado.
Pascua: Huevos de ídem.
Abril: En este mes podés dejar todos los rubros, aunque hay gente que compra chalecos por el otoño. Ah, escobas para barrer hojas, eso sí.
Mayo: Escarapelas.
Junio: Cada cuatro años, camisetas de la selección. Todos los años: camiseta del club que se alza con el Torneo Clausura. Banderas argentinas (sugerencia: podés medirlas después del 20 de junio porque capaz quedá un stock en liquidación). Bufandas. Calefactores.
Julio: Suéters. Camperas. Calzoncillos largos. Consultas a doctores especializados en resfríos y gripes. Se recomienda no medir el aglomerado de Carlos Paz. Bolsas de agua caliente.
Agosto: Esquíes. Chocolate.
Septiembre: Algodones de azúcar en Palermo. Psicólogos (me dicen que la gente que no está enamorada se pone triste en primavera). Sugerencia: meter ahora los suéters y camperas.
Octubre: Retratos de Cristóbal Colón.
Noviembre: Remeras de manga corta. Shorts. Bermudas. Aires acondicionados. Serivicios de instalación de aires acondicionados. Ventiladores. Abanicos. Servicio de pileteros.
Diciembre: Regalos de Navidad. Papel de envolver. Disfraces de Papá Noel. Barba de Papá Noel. Servicios de show y catering. Avellanas. Pan Dulce. Sidra.
No es una lista exhaustiva, pero creo que es un comienzo. Espero que sirva. Duro con Martín. Saludos,
Rollo.
ladran, juancho, señal que cabalgamos
El primer objetivo ya está: JPV metió un comment. Ahora falta que sea el iniciador mediático del run-run para que tengamos Juegos Olímpicos con Tridente. Varsky fue un lobbysta testarudo para poner a Messi en Alemania. Un año antes decía: "Si sigue creciendo, quizás en 2006 vea en el campo lo que muchos verán desde la tribuna: el mismísimo Mundial".
Ahora hay que llevar a Tévez a la China.
Con tal de que juegue el Tridente que ya rumiábamos con el Bocha una noche aciaga del cero-seis, yo estoy a punto de pedir a Sensini para la selección. 3-4-3, con un cinco metedor (Braña en Estudió, Masche en la Sele) y un cinco organizador (Verón en Estudió, ¿Verón, Riquelme, Gago, Paul Valery? en la Sele).
Ahora hay que llevar a Tévez a la China.
Con tal de que juegue el Tridente que ya rumiábamos con el Bocha una noche aciaga del cero-seis, yo estoy a punto de pedir a Sensini para la selección. 3-4-3, con un cinco metedor (Braña en Estudió, Masche en la Sele) y un cinco organizador (Verón en Estudió, ¿Verón, Riquelme, Gago, Paul Valery? en la Sele).
miércoles, febrero 27, 2008
en defensa de la indexación salarial
¿Y si indexamos todos los salarios por ley? Particularmente los de los jueces, legisladores, miembros del PEN, pero también los del populace at large. ¿No saldríamos todos juntos a la calle, mancomunados, a pedir que resuelvan "el temita del INDEC", todos bajo la ilusión -errada, por cierto- de que cada uno ganaría en la carrera de la inflación?
todo es relativo
El Bromista Comercial detalla los problemas de Bernanke: la inflación se va de las manos, baja el precio de las casas y los consumidores pierden la fe. A la Greenspan-era se la criticaba por casi exactamente lo contrario: la inflación de las cosas era baja pero la de las casas era alta, y la gente consumía mucho. ¿No está bien que ahora el precio relativo se mueva a favor de las cosas, y en contra de las casas, si estaba desalineado? ¿No está bien, si Estados Unidos tiene que empezar a producir más, que los precios al productor aumenten, mientras que uno de sus costos -las rentas- bajen? ¿No es bueno que los americanos quieran consumir menos, si estaban consumiendo demasiado? ¿Cuál es el "ajuste" que queríamos en Estados Unidos si no es éste? OK, este ajuste pero sin recesión. Todavía no estoy seguro de que no pueda darse.
tactical compass
Y buen, no me pude resistir. Hernanii sigue con el debate sobre las tácticas, y estoy muy envidioso porque le comentó Jay Pi Vi (seguramente él se autodenomina así en la intimidad). Meté un comment acá JPV. Pero claro lo nuestro es sombrío, abstracto, poco sexy -- tanto que duplicamos la apuesta. Como el Political Compass, que nos ubicaba como un verdadero Mohatma según nuestras creencias sobre el rol del Estado en la economía y en la política, o nuestro viejo mapita sobre la política argentina que ahora no puedo localizar en mis archivos (donde nuestros prohombres y promujeres podían ser más o menos republicanos y más de derecha o más de izquierda), aquí va un sistema de cuadrantes para los DTs.
La ubicación en el eje izquierda-derecha depende de lo defensivo u ofensivo que sea el técnico; la ubicación norte-sur, del grado de "tacticismo", ejemplificado por dos casos extremos. Dicen que don Ángel Tulio Zof en los entrenamientos tiraba la pelotita a la cancha y les decía a los jugadores: "Jueguen, muchachos, jueguen". En el otro extremo (el del Fútbol Ciencia) se ubica el Loco Ramaciotti, que en una entrevista en ocasión de una exitosísima racha de Belgrano de Córdoba (había ganado cuatro partidos) afirmó que su secreto era reducir el error humano a cero. Ahora dirige a los jujeños, que no ganan hace 8 partidos, 6 de ellos derrotas. Es que tampoco se puede controlar todo, Rollo!
En un punto intermedio en el grado de tacticismo estaría uno de los técnicos más interesantes del momento, el Boquita Sensini. Cuando el León metió el tercero contra Ñubel, sí, dio indicaciones. Pero tranquilo. Levantó cuatro dedos de cada una de sus manos, señalando claramente: dos líneas de cuatro. O era una de tres y una de cuatro, no recuerdo. No importa. Pero no es de esos técnicos que se pasan el partido gritándole a los jugadores, diciéndoles cómo tienen que sacar un lateral, con una fe ardiente en sus saberes del fútbol ciencia.
PD1: la ubicación de cada técnico es bastante arbitraria, of cors, y tuve varias dudas.
PD2: ¿hay técnicos "liberales" y defensivos, cuadrante noroeste? A ver, tiren alguno...
La ubicación en el eje izquierda-derecha depende de lo defensivo u ofensivo que sea el técnico; la ubicación norte-sur, del grado de "tacticismo", ejemplificado por dos casos extremos. Dicen que don Ángel Tulio Zof en los entrenamientos tiraba la pelotita a la cancha y les decía a los jugadores: "Jueguen, muchachos, jueguen". En el otro extremo (el del Fútbol Ciencia) se ubica el Loco Ramaciotti, que en una entrevista en ocasión de una exitosísima racha de Belgrano de Córdoba (había ganado cuatro partidos) afirmó que su secreto era reducir el error humano a cero. Ahora dirige a los jujeños, que no ganan hace 8 partidos, 6 de ellos derrotas. Es que tampoco se puede controlar todo, Rollo!
En un punto intermedio en el grado de tacticismo estaría uno de los técnicos más interesantes del momento, el Boquita Sensini. Cuando el León metió el tercero contra Ñubel, sí, dio indicaciones. Pero tranquilo. Levantó cuatro dedos de cada una de sus manos, señalando claramente: dos líneas de cuatro. O era una de tres y una de cuatro, no recuerdo. No importa. Pero no es de esos técnicos que se pasan el partido gritándole a los jugadores, diciéndoles cómo tienen que sacar un lateral, con una fe ardiente en sus saberes del fútbol ciencia.
PD1: la ubicación de cada técnico es bastante arbitraria, of cors, y tuve varias dudas.
PD2: ¿hay técnicos "liberales" y defensivos, cuadrante noroeste? A ver, tiren alguno...
martes, febrero 26, 2008
lunes, febrero 25, 2008
ahora soy billarista (que no tiene nada que ver con bilardista)
Es así: el Ársenal de Sarandí nos caía simpático cuando ascendió, pero ahora que está en la gloria ya nos da bronca. Como Vélez. Como Kirchner. Como Menem en su momento.
Como Obama.
Yo quiero ser Mark Penn, estratega de campaña de Billary. No sólo porque cobra de lo lindo -el NYTimes, que ya empieza a moverse hacia el ganador, denunció que la campaña de Billary es demasiado fastuosa, y que el equipo de Penn levantó 3.8 palos sólo en enero- sino porque hay que revivir a un muerto ilevantable: los veletas del NYT publicaron en un solo día "Poll Shows Obama Is Seen as More Likely to Beat McCain" (cosa que no es tan clara si uno observa las encuestas en swing states como Florida y Ohio) y "Obama Rises in Voters Popularity". Y mi consejo sería este: hacer que los demócratas de Ohio y Texas que están dudando a quién votar tengan ese miedo terrible que a mí me agarra aunque tenga triple match-point: el miedo a ganar.
Hillary debe decir que si Ohio y Texas le dan la espalda tendrá que retirarse de la elección. Hillary debe decir que en los hombros de esa porción mínima de norteamericanos -los demócratas de Ohio y Texas que estén decidiendo su voto en este momento- está, prácticamente, la decisión sobre quién va a ser el próximo presidente. Hillary debe decir que no es posible tomar una decisión apresurada, que puede ser irreversible y que puede condenarnos a ocho años de gobiernos republicanos. Hillary debe decir que Obama es una figura valiosa, que ella estaría dispuesta a sumar a su gobierno y a su ticket para ganarle a los republicanos, pero que lo importante no es tanto "Change We Can Believe In" sino "Change We Can Deliver" y que ella es más capaz para conseguirlo. Ohians, Texans, dénme una oportunidad. Manténganme en la carrera. Recuerden que no se trata de elegir al mejor candidato, sino al mejor presidente. Díganle a Obama que está bien que he has a dream, que es una figura valiosa, pero que ustedes tienen que pensar en sus hijos, y que de aquí a cuatro u ocho años podrá tener su oportunidad. No es hora de tomar decisiones definitivas que después miraremos, arrepentidos, con una extraña sorpresa.
Es un tiro casi imposible, pero si sale, qué momeéééntuuuuuumm don Niembraaaa!
Como Obama.
Yo quiero ser Mark Penn, estratega de campaña de Billary. No sólo porque cobra de lo lindo -el NYTimes, que ya empieza a moverse hacia el ganador, denunció que la campaña de Billary es demasiado fastuosa, y que el equipo de Penn levantó 3.8 palos sólo en enero- sino porque hay que revivir a un muerto ilevantable: los veletas del NYT publicaron en un solo día "Poll Shows Obama Is Seen as More Likely to Beat McCain" (cosa que no es tan clara si uno observa las encuestas en swing states como Florida y Ohio) y "Obama Rises in Voters Popularity". Y mi consejo sería este: hacer que los demócratas de Ohio y Texas que están dudando a quién votar tengan ese miedo terrible que a mí me agarra aunque tenga triple match-point: el miedo a ganar.
Hillary debe decir que si Ohio y Texas le dan la espalda tendrá que retirarse de la elección. Hillary debe decir que en los hombros de esa porción mínima de norteamericanos -los demócratas de Ohio y Texas que estén decidiendo su voto en este momento- está, prácticamente, la decisión sobre quién va a ser el próximo presidente. Hillary debe decir que no es posible tomar una decisión apresurada, que puede ser irreversible y que puede condenarnos a ocho años de gobiernos republicanos. Hillary debe decir que Obama es una figura valiosa, que ella estaría dispuesta a sumar a su gobierno y a su ticket para ganarle a los republicanos, pero que lo importante no es tanto "Change We Can Believe In" sino "Change We Can Deliver" y que ella es más capaz para conseguirlo. Ohians, Texans, dénme una oportunidad. Manténganme en la carrera. Recuerden que no se trata de elegir al mejor candidato, sino al mejor presidente. Díganle a Obama que está bien que he has a dream, que es una figura valiosa, pero que ustedes tienen que pensar en sus hijos, y que de aquí a cuatro u ocho años podrá tener su oportunidad. No es hora de tomar decisiones definitivas que después miraremos, arrepentidos, con una extraña sorpresa.
Es un tiro casi imposible, pero si sale, qué momeéééntuuuuuumm don Niembraaaa!
Cuba: ¿puede funcionar el socialismo de mercado?
Me refiero a la siguiente versión: los trabajadores son dueños de la empresa, en partes iguales. Toman todas las decisiones, y reparten todos los ingresos de la empresa. Sólo puede haber desigualdad si una mayoría decide dar incentivos, pagándole más a los trabajadores más productivos. Pero no existe el salario (curiosamente, una propuesta que en algún momento defendió nuestro Carlos Pellegrini).
¿Habría incentivos para contratar nuevos trabajadores, sabiendo que al nuevo habrá que darle una proporción de los beneficios? Sí en la medida en que la productividad marginal (lo que agrega el último trabajador) sea mayor que el producto medio (la producción dividida por la cantidad de trabajadores). Si es así, el producto medio aumentará cuando se incorpore el nuevo trabajador (es como si Central gana un partido; los 3 puntos subirán el promedio porque el promedio actual es 1,17; si empata, en cambio, el promedio baja, porque el nuevo partido agregó menos que el promedio). Y lo que recibe cada trabajador en este sistema es exactamente el producto medio: dividir entre todos el total de la producción. Entonces, si el producto marginal es mayor al producto medio la mayoría votará a favor de la incorporación.
Quizás es más fácil verlo de otra manera, más directa: lo que ocurrirá es que cada empresa estará maximizando su producto medio. ¿No es bueno eso? Seguramente es superior a la organización actual -los restoranes son estatales- porque como son las cosas hoy día no hay absolutamente ningún incentivo, salvo en los nichos capitalistas. Pero no me queda claro qué tan bien funcionaría. Por ejemplo: que cada empresa esté haciendo máximo su producto medio, ¿implica que la economía está haciendo máximo su producto medio, esto es, su productividad? Si una empresa tiene un producto medio inferior a otra empresa, habrá incentivos para la migración de trabajadores de uno a otro sector? En fin, habría que pensarlo mejor. Si alguien conoce literatura, avise.
Y esto por no meterse en otros problemas: ¿qué pasa cuando a las empresas les va muy mal? ¿Algún tipo de protección social? ¿Cómo sería el proceso de creación y destrucción de empresas? ¿Quién invertiría sabiendo que tendrá que dividir el producto con los trabajadores que contrate? Si se separa una parte de los ingesos para pagar a este capitalista, ¿no estamos de vuelta en el capitalismo? Etcétera. Creo que todavía es un post inmaduro e impublicable.
¿Habría incentivos para contratar nuevos trabajadores, sabiendo que al nuevo habrá que darle una proporción de los beneficios? Sí en la medida en que la productividad marginal (lo que agrega el último trabajador) sea mayor que el producto medio (la producción dividida por la cantidad de trabajadores). Si es así, el producto medio aumentará cuando se incorpore el nuevo trabajador (es como si Central gana un partido; los 3 puntos subirán el promedio porque el promedio actual es 1,17; si empata, en cambio, el promedio baja, porque el nuevo partido agregó menos que el promedio). Y lo que recibe cada trabajador en este sistema es exactamente el producto medio: dividir entre todos el total de la producción. Entonces, si el producto marginal es mayor al producto medio la mayoría votará a favor de la incorporación.
Quizás es más fácil verlo de otra manera, más directa: lo que ocurrirá es que cada empresa estará maximizando su producto medio. ¿No es bueno eso? Seguramente es superior a la organización actual -los restoranes son estatales- porque como son las cosas hoy día no hay absolutamente ningún incentivo, salvo en los nichos capitalistas. Pero no me queda claro qué tan bien funcionaría. Por ejemplo: que cada empresa esté haciendo máximo su producto medio, ¿implica que la economía está haciendo máximo su producto medio, esto es, su productividad? Si una empresa tiene un producto medio inferior a otra empresa, habrá incentivos para la migración de trabajadores de uno a otro sector? En fin, habría que pensarlo mejor. Si alguien conoce literatura, avise.
Y esto por no meterse en otros problemas: ¿qué pasa cuando a las empresas les va muy mal? ¿Algún tipo de protección social? ¿Cómo sería el proceso de creación y destrucción de empresas? ¿Quién invertiría sabiendo que tendrá que dividir el producto con los trabajadores que contrate? Si se separa una parte de los ingesos para pagar a este capitalista, ¿no estamos de vuelta en el capitalismo? Etcétera. Creo que todavía es un post inmaduro e impublicable.
¿puedo copiar un post de mankiw?
Le dicen a los demócratas que deberían apoyar un impuesto al consumo (el "Fair-Tax" que defienden muchos republicanos) porque es más progresivo que el impuesto a las ganancias. El impuesto al ingreso no tiene en cuenta la principal fuente de ingreso de los ricos: las ganancias de sus inversiones. Por lo que suele ocurrir que los ricos tributen menos que los pobres. En otras palabras: la riqueza tiene mayor relación con el consumo que con el ingreso, por lo tanto si se quiere gravar a los ricos hay que gravar el consumo. Y en todo caso hacer devoluciones de impuestos para dar progresividad.
Otra lectura de Mankiw: Alan Blinder propone estatizar las hipotecas en problemas. Buena idea.
Otra lectura de Mankiw: Alan Blinder propone estatizar las hipotecas en problemas. Buena idea.
domingo, febrero 24, 2008
gané medio prode
Según mis cálculos ocurre una vez cada trece años y medio. Central pelea el descenso con Olimpo, San Juan, Jujuy, Ñuls, Racing y Colón. Racing y Jujuy jugaban entre sí. Lo ideal era que perdieran Ñuls, San Juan, Olimpo y Colón, empataran Racing con Jujuy (que se repartan 2 puntos siempre es preferible a que se repartan 3) y, sobre todo, que ganara Central.
Se dieron los seis resultados. 3 elevado a la sexta da 729. Es decir que embocar seis resultados -suponiendo que cada uno es igualmente posible, lo cual no está tan lejos de ser cierto en el fútbol de hoy- ocurre una vez cada 729 fines de semana. Una vez cada trece años y medio.
Que siga.
Ex-post: el año tiene 54 semanas, pero el campeonato 38 fechas. 729/38 son más de 19 años.
Se dieron los seis resultados. 3 elevado a la sexta da 729. Es decir que embocar seis resultados -suponiendo que cada uno es igualmente posible, lo cual no está tan lejos de ser cierto en el fútbol de hoy- ocurre una vez cada 729 fines de semana. Una vez cada trece años y medio.
Que siga.
Ex-post: el año tiene 54 semanas, pero el campeonato 38 fechas. 729/38 son más de 19 años.
todo suelo yugoslavo es divisible por dos (cont.)
Bloguín anuncia que parte de Kosovo quiere seguir en Serbia y amenaza con otra ruptura. O sea que Kosovo podría dividirse. Los separatistas de marras son los de Mitrovica. Pero leo en la Wikipedia que el distrito en cuestión, Kosovska-Mitrovica, tiene tres municipalidades con mayoría serbia y tres con mayoría albanesa, que bien podrían constituir una fuerza separatista dentro de la fuerza separatista Mitrovicana que quiere separarse de la separatista Kosovo. Ahora bien, una de las tres municipalidades con mayoría albanesa -la capital, y homónoma del distrito- tiene una minoría serbia, que seguramente querrá separarse de los separatistas albaneses que querrán separarse de los separatistas serbios que quieren seapararse de los separatistas albaneses.
la revolución de las tácticas
Así se llamaba una sección de una de las piezas literarias más influyentes de mi vida: La Maravillosa Historia de los Mundiales de Fútbol, un número especial que sacó El Gráfico poco antes del 86. Los títulos de cada mundial eran fabulosos: "Los pánzers alemanes destruyen al ballet húngaro" (1954); "La Navidad del fútbol: aparece Pelé" (1958); "El viejo sueño de los inventores del fútbol" (1966); "Alemania Federal apaga el fuego naranja" (1974)... había unas infografías tan geniales que los goles de Pelé en la final del 58 se veían mejores que en televisión. ¡Y la columna de Obdulio, contando que los dirigentes uruguayos les habían dicho en el vestuario del Maracaná que el objetivo era no ser goleados, pero que ya en la cancha él juntó a los once y les dijo "Sólo cumplidos si somos campeones"! Se me pone la piel de gallina.
Todo esto a raíz del lúcido post de Hernanii sobre la revolución de las tácticas o, a decir verdad, su explosión mediática. Comenté:
Ex-post: ahora que recuerdo el título era la evolución de las tácticas. ¿Acaso evidencia anecdótica a favor de que tácticas siempre hubo?
Todo esto a raíz del lúcido post de Hernanii sobre la revolución de las tácticas o, a decir verdad, su explosión mediática. Comenté:
coincido con casi todo. pero ¿hay gente que realmente cree que la táctica no importa, o importa muy poco? no creo que ni siquiera se desprenda de la frase de riquelme. salvo inadaptados como pagani, no creo que nadie sostenga eso. creo que el viejo debate entre bilardistas y menottistas no es exactamente entre unos que creen en la táctica y otros que no. es entre tácticas distintas; y entre cuánto hay para el DT más allá de elegir "el dibujo", los jugadores, ser "motivador" y dar un gran línea general tipo "presionemos en 3/4 de cancha". creo que hay gente que cree que hay mucho más además de eso, y otra gente que cree que se agota ahí. y creo que son bandos numéricamente más parejos que si uno hace una división entre los que creen en la táctica (el 100% de la gente sensata que sabe algo de fútbol) y los que creen en el potrero (pagani y sus amigos, y ni sé si basile entra ahí; creo que basile cree en una táctica caduca). creo que un rikjaard o un ferguson, por ejemplo, están del lado más liberal en este debate y un alfaro, un bilardo o un ¿rafa benítez? -e incluso un simeone- del lado más intervencionista.BTW, por casualidad alguien tiene el teléfono del Checho? Tengo ganas de convencerlo de que deje afuera a Riquelme para los JJ.OO., lo llame a Tévez y pare un 3-4-3 tipo el Estudiantes del Boquita Sensini, con el Trío Fantástico arriba... ganaría una medalla de oro y sería el padre de una criatura que bien nos podría dar el mundial.
Ex-post: ahora que recuerdo el título era la evolución de las tácticas. ¿Acaso evidencia anecdótica a favor de que tácticas siempre hubo?
sábado, febrero 23, 2008
les tiramos una pared y nos devolvieron un ladrillo
Tanto hablar de Estados Unidos, de las elecciones, de su crisis y la nuestra, etc., se hartaron los del NYTimes y nos pusieron en la tapa por el paco. Somos un país lleno de drogas de cuarta categoría -- difícil quedar peor parados.

¿Quién es Alexei Barrionuevo? ¿Un hijo de Luis Barrionuevo y una rusa? ¿Pariente de una Liliana Barrionuevo mencionada en la nota? Lo que sea, pero ponete las pilas. Acá hay una campaña anti-argentina. Y sacame ese mapa ubicando Ciudad Oculta en el contexto latinoamericano:

¿Quién es Alexei Barrionuevo? ¿Un hijo de Luis Barrionuevo y una rusa? ¿Pariente de una Liliana Barrionuevo mencionada en la nota? Lo que sea, pero ponete las pilas. Acá hay una campaña anti-argentina. Y sacame ese mapa ubicando Ciudad Oculta en el contexto latinoamericano:
viernes, febrero 22, 2008
crisis argentina, ¿lecciones norteamericanas?
Me apuntan que mi columnita tiene su espejo: y parece que de otras lecciones no aprendemos nada.
crisis norteamericana, ¿lecciones argentinas?
En el fabuloso sitio Intrade.com pueden hacerse todo tipo de apuestas sobre la economía, la política y casi todo lo que asoma en el volátil firmamento de la esfera pública. Ha pasado rápidamente a “Mis Favoritos” porque consulto casi a diario los valores de las dos apuestas que están más de moda y que –supongo que por eso mismo– me tienen enviciado: si Barrack Obama ganará la interna demócrata y si habrá o no recesión en Estados Unidos en el año 2008. Cada apuesta tiene un precio entre 0 y 100, al que uno puede comprarla o venderla. Ejemplo: el lunes, antes de las internas en Hawaii y Wisconsin, se podía comprar (o vender) Obama Nominado a cerca de 72. Si en noviembre Obama resulta candidato, los que hayan comprado recibirán 100 –ganarán la diferencia de 28– y los que hayan vendido deberán pagar 100, esto es, 28 más que lo que obtuvieron al vender. Si la candidata es Hillary, nadie paga nada, de modo que el comprador pierde los 72 que puso y el vendedor se queda con los 72 que recibió originalmente.
Una apuesta de Intrade que valga cerca de cero daría una ganancia extraordinaria a un comprador que anticipe un hecho muy improbable (Gore presidente en noviembre puede comprarse a 0,8), y un precio cercano a 100 da un margen grande a quien venda, apostando a que no ocurra algo que todo el mundo descuenta (Daniel Day Lewis ganador del Oscar al mejor actor puede venderse hoy 90 dólares, a cambio del riesgo de tener que poner 10 si se lleva la estatuilla). El precio se aproxima, entonces, a la probabilidad porcentual de que el hecho apostado ocurra.
Para los apostadores de Intrade, la probabilidad de una recesión en Estados Unidos durante este año anda hoy por el 64%. Es una de las apuestas que aparece recomendada en la página inicial, aunque no sea tan popular como las que se hacen por Obama o por Hillary. La R-word, como le dicen, cotiza en alza: según Google Trends, las búsquedas incuyendo la palabra prohibida han explotado. La recesión es un boom: cada dato nuevo de la economía se recibe como las palabras de un oráculo: no importa qué tan enfáticos o qué tan contradictorios sean, pueden desatar instantáneamente júbilos o pánicos. (Los últimos han mostrado, lamentablemente, cierta desdichada coherencia).
La ansiedad de los norteamericanos por la palabra-Erre me recordó al año que vivimos en peligro: aquella época en la que el termómetro diario era el riesgo país, el semanal, los retiros de depósitos y el mensual el creciente agujero fiscal, todo mechado aquí y allá por las andanadas desbordantes del ministro Cavallo. ¿Hay algo más, además de esa ansiedad, que emparente aquella crisis grande que sufrió este pequeño país con esta (todavía) pequeña crisis que hoy sufre aquel país grande?
Mucho más de lo que aparece en la superficie. El problema a resolver, aquí y allá, era el mismo: Argentina de fines de los 90 consumía más de lo que podía prestarle el resto del mundo de manera sostenible, igual que Estados Unidos en los últimos años. El mayor consumo estaba justificado, en los dos casos, por la percepción de una mayor riqueza: la Argentina de las reformas sería al cabo un país rico, que podía empezar a consumir de inmediato los réditos futuros de esa economía modernizada; Estados Unidos había liderado la revolución de las tecnologías de la información, en parte gracias a una flexibilidad para crear y para destruir que le daba ventaja respecto al rechinar aparatoso de las industrias de Europa y Japón, ancladas en el siglo XX. En la Argentina, la sensación de riqueza se palpaba en los precios de las cosas (dolarizadas a niveles de Primer Mundo); en Estados Unidos, en los precios de las casas, que no tenían los cimientos sobre la tierra. Las percepciones de grandeza son siempre dañinas, pero mucho más si en el medio hay un sistema financiero: en la Argentina la promesa de devolverle dólares a quien depositara dólares sólo era cumplible si no había una devaluación de la moneda que desmoronara la capacidad de pago de los deudores en billetes verdes; en Estados Unidos, la implosión de la burbuja también está sembrando dudas sobre la viabilidad de los contratos financieros escritos cuando los precios de las propiedades eran otros.
Desde luego, las proporciones de una y otra crisis no pueden comprarse. Hace un par de semanas el mundo económico de Estados Unidos leyó con preocupación un trabajo que contrastaba el problema norteamericano con episodios críticos en otras naciones ricas, y mostraba que en casos comparables (el más grave, Japón de los 90) el crecimiento había aminorado 2 puntos porcentuales por un par de años – una leve hondura al lado del precipicio de dos dígitos en que la economía argentina cayó en 2002. Más allá de las diferencias de magnitud, sin embargo, la experiencia argentina muestra con cierta claridad –precisamente por lo extremo del episodio– qué fuerzas pueden contribuir a una recuperación.
En primer lugar está lo primero: si la crisis tiene que ver en última instancia con consumir por encima de los propios medios, habrá que moderar ese consumo. Esa austeridad no sólo será impopular y algo dolorosa (aunque lejos de la que sufrieron trabajadores y desempleados argentinos en 2002), pero además peligrosa. La caída en la demanda de los consumidores tiene que ser reemplazada por otro tipo de estímulos a la producción. En la Argentina, ese papel lo jugaron sobre todo la producción local de bienes que antes se importaban pero se habían encarecido con la devaluación, y la intensificación de las exportaciones de la mano de esa misma rentabilidad. Algo similar ya está comenzando a ocurrir en Estados Unidos: en el último año las cantidades importadas crecieron sólo 1,7% mientras que las exportaciones aumentaron 8%. El dólar débil puede hacer fuerte a los Estados Unidos, permitiéndole competir en el mundo y fabricar puertas adentro parte de lo que importan (que es algo así como diez veces toda la producción de la Argentina). En comparación con esos estímulos, lo que el Estado pueda cinchar, gastando más o bajando los impuestos, no es gran cosa, y además implica un mayor endeudamiento, que es parte del problema.
En segundo lugar, debe quedar claro que el gobierno será activo en el control de los problemas financieros. Todo lo que haga para garantizar la confianza de los prestamistas, individuales o institucionales, será poco: sí, bajar las tasas de interés es parte de ello, pero también ayudar a valorizar los activos que respaldan los contratos, poniendo dinero público si es que hace falta. La clave es llegar lo más rápido posible a un punto en el que empieza a asomar la expectativa de que las condiciones financieras no seguirán empeorando, algo que en la Argentina comenzó a vislumbrarse ya a mediados de 2002. Para una economía mucho más sensible a los vaivenes del crédito que la nuestra, normalizar el sistema financiero es clave para envalentonar a los consumidores y a las empresas.
Un tercer parelelo, en este caso de orden político, no es menos importante. El cambio de expectativas requiere un panorama claro sobre el futuro de la política económica. Estados Unidos no tendrá cinco presidentes en pocos días; pero no sería malo para la economía que en algún momento del verano boreal exista un candidato con aura ganadora y una orientación económica definida, que vaya delineando el modo en qué el gobierno puede contribuir a la recuperación.
Una apuesta de Intrade que valga cerca de cero daría una ganancia extraordinaria a un comprador que anticipe un hecho muy improbable (Gore presidente en noviembre puede comprarse a 0,8), y un precio cercano a 100 da un margen grande a quien venda, apostando a que no ocurra algo que todo el mundo descuenta (Daniel Day Lewis ganador del Oscar al mejor actor puede venderse hoy 90 dólares, a cambio del riesgo de tener que poner 10 si se lleva la estatuilla). El precio se aproxima, entonces, a la probabilidad porcentual de que el hecho apostado ocurra.
Para los apostadores de Intrade, la probabilidad de una recesión en Estados Unidos durante este año anda hoy por el 64%. Es una de las apuestas que aparece recomendada en la página inicial, aunque no sea tan popular como las que se hacen por Obama o por Hillary. La R-word, como le dicen, cotiza en alza: según Google Trends, las búsquedas incuyendo la palabra prohibida han explotado. La recesión es un boom: cada dato nuevo de la economía se recibe como las palabras de un oráculo: no importa qué tan enfáticos o qué tan contradictorios sean, pueden desatar instantáneamente júbilos o pánicos. (Los últimos han mostrado, lamentablemente, cierta desdichada coherencia).
La ansiedad de los norteamericanos por la palabra-Erre me recordó al año que vivimos en peligro: aquella época en la que el termómetro diario era el riesgo país, el semanal, los retiros de depósitos y el mensual el creciente agujero fiscal, todo mechado aquí y allá por las andanadas desbordantes del ministro Cavallo. ¿Hay algo más, además de esa ansiedad, que emparente aquella crisis grande que sufrió este pequeño país con esta (todavía) pequeña crisis que hoy sufre aquel país grande?
Mucho más de lo que aparece en la superficie. El problema a resolver, aquí y allá, era el mismo: Argentina de fines de los 90 consumía más de lo que podía prestarle el resto del mundo de manera sostenible, igual que Estados Unidos en los últimos años. El mayor consumo estaba justificado, en los dos casos, por la percepción de una mayor riqueza: la Argentina de las reformas sería al cabo un país rico, que podía empezar a consumir de inmediato los réditos futuros de esa economía modernizada; Estados Unidos había liderado la revolución de las tecnologías de la información, en parte gracias a una flexibilidad para crear y para destruir que le daba ventaja respecto al rechinar aparatoso de las industrias de Europa y Japón, ancladas en el siglo XX. En la Argentina, la sensación de riqueza se palpaba en los precios de las cosas (dolarizadas a niveles de Primer Mundo); en Estados Unidos, en los precios de las casas, que no tenían los cimientos sobre la tierra. Las percepciones de grandeza son siempre dañinas, pero mucho más si en el medio hay un sistema financiero: en la Argentina la promesa de devolverle dólares a quien depositara dólares sólo era cumplible si no había una devaluación de la moneda que desmoronara la capacidad de pago de los deudores en billetes verdes; en Estados Unidos, la implosión de la burbuja también está sembrando dudas sobre la viabilidad de los contratos financieros escritos cuando los precios de las propiedades eran otros.
Desde luego, las proporciones de una y otra crisis no pueden comprarse. Hace un par de semanas el mundo económico de Estados Unidos leyó con preocupación un trabajo que contrastaba el problema norteamericano con episodios críticos en otras naciones ricas, y mostraba que en casos comparables (el más grave, Japón de los 90) el crecimiento había aminorado 2 puntos porcentuales por un par de años – una leve hondura al lado del precipicio de dos dígitos en que la economía argentina cayó en 2002. Más allá de las diferencias de magnitud, sin embargo, la experiencia argentina muestra con cierta claridad –precisamente por lo extremo del episodio– qué fuerzas pueden contribuir a una recuperación.
En primer lugar está lo primero: si la crisis tiene que ver en última instancia con consumir por encima de los propios medios, habrá que moderar ese consumo. Esa austeridad no sólo será impopular y algo dolorosa (aunque lejos de la que sufrieron trabajadores y desempleados argentinos en 2002), pero además peligrosa. La caída en la demanda de los consumidores tiene que ser reemplazada por otro tipo de estímulos a la producción. En la Argentina, ese papel lo jugaron sobre todo la producción local de bienes que antes se importaban pero se habían encarecido con la devaluación, y la intensificación de las exportaciones de la mano de esa misma rentabilidad. Algo similar ya está comenzando a ocurrir en Estados Unidos: en el último año las cantidades importadas crecieron sólo 1,7% mientras que las exportaciones aumentaron 8%. El dólar débil puede hacer fuerte a los Estados Unidos, permitiéndole competir en el mundo y fabricar puertas adentro parte de lo que importan (que es algo así como diez veces toda la producción de la Argentina). En comparación con esos estímulos, lo que el Estado pueda cinchar, gastando más o bajando los impuestos, no es gran cosa, y además implica un mayor endeudamiento, que es parte del problema.
En segundo lugar, debe quedar claro que el gobierno será activo en el control de los problemas financieros. Todo lo que haga para garantizar la confianza de los prestamistas, individuales o institucionales, será poco: sí, bajar las tasas de interés es parte de ello, pero también ayudar a valorizar los activos que respaldan los contratos, poniendo dinero público si es que hace falta. La clave es llegar lo más rápido posible a un punto en el que empieza a asomar la expectativa de que las condiciones financieras no seguirán empeorando, algo que en la Argentina comenzó a vislumbrarse ya a mediados de 2002. Para una economía mucho más sensible a los vaivenes del crédito que la nuestra, normalizar el sistema financiero es clave para envalentonar a los consumidores y a las empresas.
Un tercer parelelo, en este caso de orden político, no es menos importante. El cambio de expectativas requiere un panorama claro sobre el futuro de la política económica. Estados Unidos no tendrá cinco presidentes en pocos días; pero no sería malo para la economía que en algún momento del verano boreal exista un candidato con aura ganadora y una orientación económica definida, que vaya delineando el modo en qué el gobierno puede contribuir a la recuperación.
jueves, febrero 21, 2008
de mendigo a millonario
miércoles, febrero 20, 2008
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Si en esta página ponés Ctrl-F para buscar el signo ";" lo encontrás 38 veces (9 de ellas son del Yes We Can de Obama) Por eso levantamos nuestras copas para celebrar que el NYTimes celebre el punto y coma.
game over
Sigue el Obamamentum. Wisconsin, estado blanco en el que Kerry le ganó a Bush 49,70% a 49,32% en 2004 y Gore a Bush 47,83% a 47,61% en 2000 -es decir, fundamental para la elección general- adentro para Obama. Según mi estimación, antes de Hawaii el conteo de pledged delegates (que creo prevalecerá como criterio para la mayoría de los superdelegados) queda algo así como 1200 a 1045, incluyendo en el cálculo algunos delegados todavía no distribuidos en estados que ya votaron. (Acá lo van contando si querés la actualización). De los 20 delegados de Hawaii meteremos 15, o sea 1215 a 1050. Quedarían por repartir 984. Para descontar los 165 de diferencia, Billary tendría que conseguir 575 de esos 984, contra 409 de Obama. Es decir: debería ganar por lo menos 58,4% a 41,6% (en delegados, y una cifra aproximada en votos) los estados que faltan. Después de diez derrotas consecutivas, parece imposible. En Intrade Obama candidato tocó 80.
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