jueves, enero 31, 2008

¿se viene la Gran Recesión?

Se dice que los economistas han pronosticado cinco de las últimas dos recesiones. La próxima recesión norteamericana, si es que llega, será una de las más anunciadas de la historia. Desde hace varios años se sabe dónde está la causa de la próxima recesión y dónde el motivo por el cual se ha empecinado en no ocurrir. Esos lugares eran uno solo: el alma norteamericana. Los estadounidenses incubaban su propia ruina porque el excesivo optimismo respecto al valor de sus propias casas inflaba una burbuja que tarde o temprano explotaría; pero mientras la sensación de riqueza animara el consumo, la economía era maravillosa: bajo desempleo, baja inflación, crecimiento.

¿Qué ha cambiado para que de repente veamos a demócratas y republicanos negociando un paquete de gastos públicos y recortes impositivos extraordinarios para estimular la economía? Por el momento no ha habido datos duros que hablen claramente de una recesión, sino más bien titulares sensacionales asociados a la crisis hipotecaria: pérdidas multimillonarias en los bancos, parálisis en la construcción, caídas en el precio de la vivienda. Las cifras de economías maduras siempre saben a poco para el observador argentino, acostumbrado a las volatilidades de dos cifras de la cambiante econonomía local. Hasta el momento la propiedad ha bajado cerca de 7% en todo el año; en nuestra propia crisis los valores en dólares de la propiedad se redujeron a la mitad o menos. Pero el cambio de tendencia es muy significativo: la caída de precios instala la idea de que comprar ahora es mal negocio, lo cual seguramente prolongará la línea bajista.

¿Cómo se transmite la anemia hipotecaria a la economía en general? Un canal es el financiero: los bancos pierden plata, el depositante querrá su dinero, los bancos recortarán los préstamos para poder devolverlo, y el ajuste crediticio afectará a la economía. Aunque fuera suave, una contracción crediticia es preocupante en un país en el que endeudarse para consumir es un modus vivendi que se da por sentado. En el extremo, el pánico hipotecario podría dar lugar a un pánico bancario. No parece por el momento un escenario probable: Estados Unidos no es la Argentina, y el depositante confía en que llueve o truene alguien le devolverá su dinero.

Más inquietante es la percepción del consumidor sobre su riqueza y sobre su futuro. El pesimismo se ha generalizado: un 62% de los norteamericanos cree que la economía está empeorando –más que en cualquier momento desde 1990– y tan sólo 4% que está mejorando. En este contexto sombrío, cualquier dato mínimamente negativo se lee como una señal ominosa. Por ejemplo: una caída de 0,4% de las ventas minoristas entre noviembre y diciembre fue poco menos que celebrada por recesionistas natos como Paul Krugman. Poco importaba que esas transacciones hubieran sido 4% más altas que el año anterior y que en los últimos 72 meses –un período de crecimiento económico– una baja de mes a mes en las compras minoristas ha ocurrido en nada menos que 21 ocasiones.

Con todo, cuando todo el mundo está equivocado, todo el mundo tiene razón. Si los americanos están convencidos de que vienen tiempos difíciles, esos tiempos difíciles llegarán. En ese caso, la cuestión pasa a ser si el gobierno elegido por el pueblo y para el pueblo es capaz de revertir el ánimo depresivo de ese mismo pueblo. En el pasado reciente, la influencia de la política económica –particularmente, la monetaria– ha sido fundamental para moderar los vaienes propios del ciclo de negocios. En los últimos 25 años, la economía norteamericana cayó de un año a otro solamente en una ocasión (en 1991) y por apenas 0,2%.

Hoy la discusión entre economistas estadounidenses es si conviene más una política fiscal, una monetaria, o una combinación de ambas para evitar una caída recesiva. A favor de la política fiscal se dice que impacta directamente sobre el gasto, mientras que la monetaria (reducir las tasas de interés) puede no funcionar cuando el miedo a endeudarse es mayor que la ansiedad por consumir, y además corre el riesgo de despertar la inflación. A favor de la monetaria está su efectividad en ocasiones anteriores y la ventaja de que, a diferencia de una expansión fiscal, no incrementa el déficit público.

Aquí nos abstendremos de pronosticar la próxima recesión. Imaginamos que habrá un salvador conocido (el presidente de la Reserva Federal) y uno completamente nuevo para los Estados Unidos desde el siglo XIX: el resto del mundo. Ben Bernanke, que ha hecho carrera enseñando cómo reaccionar ante crisis depresivas, llevará adelante una política monetaria todo lo expansiva que sea necesario, y quizás más. Esa política no fortalecerá al dólar –más bien al contrario– pero sí a la economía norteamericana. Un poco a la Argentina, Estados Unidos se hará más fuerte haciendo débil a su moneda y aprovechando esa rentabilidad para exportarle a un mundo que crece como nunca.

5 comentarios:

Abuelo Económico dijo...

Rollo, buena vuelta la toya, con pilas renovadas veo.

Al final todo se traduce en expectativas...y en la posibilidad de entrar en algo así como una profesía autocumplida.

Será cuestión de ver si Bernanke entiende lo que hay que hacer para desactivar esos titulares.

Andrés el Viejo dijo...

Lejos de mí profetizar el fin del mundo. Pero observo que usted pasa por alto un dato más importante que las meras percepciones: en el último trimestre la economía norteamericana creció 0,6%, la mitad de lo que esperaban los augures y aproximadamente un cuarto de lo que había crecido en el trimestre anterior. Si eso no es un frenazo, no sé lo que es. No creo que esta caída se pueda adjudicar a Krugmann, ni a las sombrías especulaciones de Greenspan.
En todo caso, tampoco creo que la cuestión se reduzca al desinfle de la burbuja inmobiliaria. Es cierto que la crisis financiera saltó por ahí. Pero no me parece que el alma norteamericana se agote en sus opiniones inmobiliarias: sospecho que más importancia tiene la propensión a importar más de lo que exportan, a gastar en guerras y reducciones de impuestos a los ricos más de lo que se recauda, a consumir seis veces más petróleo per cápita que el promedio mundial.
Tiene razón el Abuelo: usted se vino con todas las pilas cargadas. Aunque uno no esté de acuerdo.
Saludos

Ulises dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Ulises dijo...

Rollo: personalmente no creo que haya debate entre si es mejor la política fiscal o la monetaria. Definitivamente los norteamericanos han avanzado en los dos sentidos, paquete fiscal de 1500 M y recorte de tasa.
Muy buena nota.
Saludos.

Miguel Olivera dijo...

"un poco a la Argentina"... entonces el tipo de cambio real importa. Que bien. Un avance en la visión cambiaria de LCM.

Exabruptos, en cambio, cree que la economía norteamericana va a una recesión... si la política fiscal la hacen los republicanos.