lunes, mayo 19, 2008
¿dónde hay que firmar?
35% a los precios actuales y retenciones móviles es bueno para el campo, es bueno para el país. Habrá que ver la tablita (la adivino menos científica que en el powerpoint de Martín, con algunos tramos inexplicables y saltos abruptos) pero seguramente implica que a precios de la presidencia nestorista las retenciones pueden ser menos del 20% que fueron entonces. Igual, yo que "las entidades" lucharía por una tablita móvil de retenciones móviles: que la tasa suba con el precio (retención móvil) pero que baje con el tiempo (tablita móvil) y que vaya al Congreso. El hombre de campo seguriá siendo mañana hombre de campo; la mujer de gobierno no seguirá siendo mujer de gobierno -- al poder político no suele interesarle el futuro lejano. Si lograran una ley de tablita descendente, no imagino a una próxima administración luchando para derogarla.
nelly contra el sueño líberoprogresista
La Nelly completa mi póker de columnistas favoritos junto a Pagni, Huergo y Eber Ludueña (me emociona cada vez que menciona a Ghielmetti, como el sábado). La Nelly le da duro al impuesto a la tierra libre de mejoras y a la idea de una distribución más federal de los recursos tributarios (clickear para agrandar):

Gran remate con el palo a Grobo. Ahora, ¿es verdad que el impuesto a la tierra no lo perjudica porque es, sobre todo, arrendatario? Creo que no; la eliminación de la retención aumentaría el valor de la tierra y por lo tanto del arrendamiento.

Gran remate con el palo a Grobo. Ahora, ¿es verdad que el impuesto a la tierra no lo perjudica porque es, sobre todo, arrendatario? Creo que no; la eliminación de la retención aumentaría el valor de la tierra y por lo tanto del arrendamiento.
viernes, mayo 16, 2008
más de lo mismo
¿Cómo crees que va a seguir el crecimiento este año?
1) El 2007 ya hubo alguna desaceleración, atemperada estadísticamente y también por una situación excepcional del campo. Si la Argentina pasa a una tasa de 4% para 2009 sería una gran noticia; la prioridad hoy es evitar una desaceleración todavía mayor. En cuanto a este año, si hay arrastre estadístico pero no masaje estadístico, andará por 6%.
¿Qué ajustes es necesario hacer para mantener el crecimiento?
2) Hasta hace poco se decía que la inflación era consecuencia del alto crecimiento. Hoy se dice que la inflación es un obstáculo para crecer. Creo que lo primero no es cierto, pero lo segundo sí. Hay países que crecen al 8% y no tienen inflación; no hay países que tengan 30% de inflación y crezcan al 8% o ni siquiera al 6% de manera sostenible. Es decir que lo que hay que hacer para seguir creciendo es parar la inflación; si enfriar quiere decir crecer menos, entonces bajar la inflación es calentar la economía.
¿Qué orden de prioridades establecés para hacer las correcciones?
3) A la larga, lo más importante es tener una política monetaria de país normal: banco central independiente y metas de inflación. El problema es que eso ya está en la letra de la misión del Banco Central, mientras que en la práctica el objetivo parece ser maximizar la ganancia de los sectores empresarios con el tipo de cambio suficientemente alto. Modificar esa práctica y -sobre todo- convencer que esa práctica ha variado, no es nada sencillo, y ni siquiera alcanza con poner nombres nuevos a cargo del cuidado de nuestra moneda. A la corta, debe hacerse todo lo necesario para borrar la expectativa de que nuevos cambios en los precios son necesarios; hay que dibujar una nueva línea de largada de modo que una inflación baja en el futuro sea una perspectiva realista. Un Acuerdo (Social, del Bicentenario, o como se llame) sólo puede tener chances de mantenerse si parte de algunas correcciones de precios, que debería incluir seguramente salarios públicos y tarifas, aunque no necesariamente el dólar.
¿Creés que la crisis actual va a tener un impacto sobre el tc?
Como Néstor Kirchner le teme a una estabilización, parece difícil que la inflación baje. Aun si la inflación no se acelerara -desmintiendo la expectativa pública de 30%- es natural pensar que hay algún nivel de precios que ya resulta dañiño para la economía si el dólar sigue fijo. Todavía no estamos en ese lugar, pero como van las cosas estaremos allí en algún momento no lejano. Llegado ese punto, alguna depreciación del peso es difícil de evitar. Lo que estamos viendo hoy es el mercado anticipando ese momento, para no quedar descolocado por una devaluación, y el gobierno actuando como si ese momento no fuera a llegar nunca. Lo más probable es que en algún punto antes del final de este año el gobierno también decida anticiparse, dejando deslizar algo el tipo de cambio. No es un camino esperanzador, pero tampoco lo es esperar a una crisis cambiaria más tardía y de proporciones mayores. Lamentablemente, son las dos alternativas posibles si no se combate la inflación con instrumentos más tradicionales que los actuales.
1) El 2007 ya hubo alguna desaceleración, atemperada estadísticamente y también por una situación excepcional del campo. Si la Argentina pasa a una tasa de 4% para 2009 sería una gran noticia; la prioridad hoy es evitar una desaceleración todavía mayor. En cuanto a este año, si hay arrastre estadístico pero no masaje estadístico, andará por 6%.
¿Qué ajustes es necesario hacer para mantener el crecimiento?
2) Hasta hace poco se decía que la inflación era consecuencia del alto crecimiento. Hoy se dice que la inflación es un obstáculo para crecer. Creo que lo primero no es cierto, pero lo segundo sí. Hay países que crecen al 8% y no tienen inflación; no hay países que tengan 30% de inflación y crezcan al 8% o ni siquiera al 6% de manera sostenible. Es decir que lo que hay que hacer para seguir creciendo es parar la inflación; si enfriar quiere decir crecer menos, entonces bajar la inflación es calentar la economía.
¿Qué orden de prioridades establecés para hacer las correcciones?
3) A la larga, lo más importante es tener una política monetaria de país normal: banco central independiente y metas de inflación. El problema es que eso ya está en la letra de la misión del Banco Central, mientras que en la práctica el objetivo parece ser maximizar la ganancia de los sectores empresarios con el tipo de cambio suficientemente alto. Modificar esa práctica y -sobre todo- convencer que esa práctica ha variado, no es nada sencillo, y ni siquiera alcanza con poner nombres nuevos a cargo del cuidado de nuestra moneda. A la corta, debe hacerse todo lo necesario para borrar la expectativa de que nuevos cambios en los precios son necesarios; hay que dibujar una nueva línea de largada de modo que una inflación baja en el futuro sea una perspectiva realista. Un Acuerdo (Social, del Bicentenario, o como se llame) sólo puede tener chances de mantenerse si parte de algunas correcciones de precios, que debería incluir seguramente salarios públicos y tarifas, aunque no necesariamente el dólar.
¿Creés que la crisis actual va a tener un impacto sobre el tc?
Como Néstor Kirchner le teme a una estabilización, parece difícil que la inflación baje. Aun si la inflación no se acelerara -desmintiendo la expectativa pública de 30%- es natural pensar que hay algún nivel de precios que ya resulta dañiño para la economía si el dólar sigue fijo. Todavía no estamos en ese lugar, pero como van las cosas estaremos allí en algún momento no lejano. Llegado ese punto, alguna depreciación del peso es difícil de evitar. Lo que estamos viendo hoy es el mercado anticipando ese momento, para no quedar descolocado por una devaluación, y el gobierno actuando como si ese momento no fuera a llegar nunca. Lo más probable es que en algún punto antes del final de este año el gobierno también decida anticiparse, dejando deslizar algo el tipo de cambio. No es un camino esperanzador, pero tampoco lo es esperar a una crisis cambiaria más tardía y de proporciones mayores. Lamentablemente, son las dos alternativas posibles si no se combate la inflación con instrumentos más tradicionales que los actuales.
jueves, mayo 15, 2008
ahí va la bala atajala
Me tragué el tufillo anti-noventista y seré uno del millón que firmará -esperemos- en contra del Tren Bala y a favor del Tren Para Todos.
miércoles, mayo 14, 2008
la resistencia
Tiempos modernos: la resistencia era en una época tomar las armas; hoy es publicar estadísticas.
la ciudad y los perros
O por qué no producimos mucha más carne de la que producimos (de Koebel, William Henry, Argentina, Past and Present (1914)):
A letter written as late as 1729 by a Jesuit missionary, Carlos Gervasini, throws some light upon the subject of animal abundance and human methods. Writing from Buenos Aires, he says: 'So numerous are the cattle in the neighbouring campo here that any landowner may take from ten to twelve thousand to breed from, merely for the trouble of lassoing them and driving them home. In order to take more than this number a special licence is required from the governor. The ships returning to Spain are filled with the hides, and none but good specimens of these are troubled about. As to the flesh, each man takes what he requires and leaves the rest to the jaguars and dogs'. After which, Gervasini states that in no other country has he seen so many dogs nor such fat ones!
It was doubtless this free and easy method of bestowing gratuitous meals that had long ere this period inoculated the canine temperament with a deep-seated affection for beef. For generations the plains had been infested by packs of dogs that, responding to the call of the wild, had exchanged their domesticated condition for an utterly savage state. Wolf-like, it was their habit to go padding over the campo, emulating in their own fashion the hunting expeditions of the men. According to some, such was the abundance of the cattle that the presence of the marauding dogs was something of a blessing.
A certain Azcarate du Biscay, who in 1658 undertook a voyage to the River Plate in the interests of commerce, touches upon this point in a general description of the land and its people. 'The riches of these folk' he states, 'consist of cattle which multiply so prodigiously that the plains are covered with them. If it were not for a number of dogs who devour the young, the country would be devastated by them'. He goes on to say that the same abundance existed with regard to horseflesh. In the town of Buenos Aires itself, however, there were very few who possessed these animals. This lack of horses, by the way, was principally on account of the trouble that their keep involved. All those who lived outside the radius of the town were inveterate riders, and invariably went at a gallop a description that proves how little the ethics of the 'camp' have changed in some respects from that day to this. The merchant adds that such horse-hide as was not exported to Europe was wont to be put to every conceivable purpose which it could possibly serve.
As a further proof of the astonishing quantity of the live-stock at that period the same writer gives an account of a stratagem that the inhabitants told him they were wont to employ in the case of an attempted invasion. According to them, should hostile craft appear upon the waters of the great river, it was their custom to drive to the threatened point of the shore such vast masses of bulls, cows, and horses that, even were the enemy not deterred from landing by the fury of the cattle, it was impossible for them to cut their way through the great press of beasts. Argentina, it is true, is not the only country where cattle have been employed as allies by the defending forces. At the battle of Morat, for instance, the Swiss urged a herd of maddened bulls upon the English mercenaries, with disastrous results that are testified to by the red coats that still hang in the museum of Neuchatel. But this sudden massing and manipulation of such tremendous four-footed forces savours perhaps just a little of exaggeration, arch-expert in his trade as the peon was then, as now. The writer was only a chance wayfarer in the land. It is not impossible that the men of the plains drew the long bow for the benefit of the merchant-stranger it is, indeed, a process from which the globe-trotter is wont to suffer even to this day.
A century later, in any case, the numbers of the cattle were not considered proof against the attacks of their old-time enemy, the wild dog. Though the herds of the horned beasts had continued to multiply, the bands of their canine assailants, encouraged by such a plentiful supply of fresh meat, had increased out of all proportion. In the latter half of the eighteenth century these visitations had developed into a plague that called for repressive measures. A troop of militia was sent out into the campo with orders to wage merciless war on the dogs. The campaign was conducted on the stipulated lines: there were no prisoners; canine corpses littered the plains. The troop returned to Buenos Aires, happy in the consciousness of a duty well done. Though annihilation had proved impossible, they had thinned the hostile ranks.
On their return to the capital, however, the welcome extended to the soldiers struck them in the nature of a shock. It was unfortunate for many reasons that the inhabitants of Buenos Aires had cultivated an undue sense of the ridiculous. The luckless campaigners, instead of praise, were greeted with a shower of this very ridicule. Each was belauded with overwhelming and disconcerting mock praise. Each, moreover, was solemnly invested with the title of Mataperro, the 'dog-killer'.
This proved the climax. Volunteers for a second expedition were called for. None were forthcoming. The fear of further nicknames left the muster roll a perfect blank, devoid of a single name. From an economic point of view the coining of one word had induced far-reaching effects. For one thing, it had spared the lives of thousands of dogs, and had signed the death warrant of at least as many cattle. The reprieved wild dog the perro cimarron continued to flourish until 1860, when, in a less sensitive age, the last of the canine bands was exterminated.
cuando todos ganan la lucha de clases...
...estás complicado, porque perdés la lucha de naciones, dice otro L.L.:
P.: ¿Cuál es la principal causa de la desconfianza?
L.L.: La Argentina hoy tendría que estar mutando su modelo de salarios bajos y alto costo de capital, a uno de salarios más altos en dólares y menor costo de capital. Esta es la forma de mantener la ecuación rentable para el conjunto de la economía.
Lamentablemente, estamos viendo subas salariales en dólares, pero a la vez severos aumentos en el costo de capital. Esto se mide objetivamente por el riesgo-país, y subjetivamente por la incertidumbre respecto del rumbo macroeconómico. Es similar a lo que ocurrió en el último tramo de la convertibilidad: el país había quedado con salarios muy elevados en términos de dólar y las sucesivas crisis internacionales hicieron que el costo del capital subiera al mismo tiempo. El hecho de que esta mutación de modelo no suceda es uno de los datos más preocupantes que se ven.
mani pulite
martes, mayo 13, 2008
gracias doña tota
From: Doña Tota
To: lacienciamaldita
Rollo, cómo va?
Te puedo hacer una consulta? Tengo un amigo que tiene que renovar un plazo fijo en 10 días. Está medio paranoico. Me pregunta qué hace, si lo renueva o qué? Qué me decís que le diga?
From: lacienciamaldita
To: Doña Tota
con plazo fijo tenés una buena chance de ganar unos pocos dólares y una pequeña chance de perder muchos. comprando dólares sabés cuántos dólares vas a tener. yo prefiero lo segundo pero sólo porque soy cagón.
compensated peso
Estamos mal: de tanto en tanto me sorprendo fantaseando con las mismas alquimias de política cambiaria con que mataba las noches tristes de 2002, a ver si juntábamos unas migajas de credibilidad para nuesta maltrecha moneda: atarnos al real (ahora sería 2 a 1, of cors), atarnos a la soja, atarnos al índice de commodities del BCRA o -más complejo, pero mejor- atarnos al índice de precios promedio de nuestras exportaciones e importaciones (en los últimos tres casos, metiendo una inflacioncita del 6 anual).
la inflación neutral
Entre el último trimestre del 06 y el primero del 08 (es decir, entre el inicio de la manipulación y el último período para el que tenemos datos completos) los salarios subieron 28%. El dólar subió apenas 2,7%, pero los precios internacionales -el promedio de precios de importación y exportación de la Argentina- crecieron 25%, de modo que el precio en pesos de los bienes que comerciamos también creció 28%.
Alguna vez -cuando todavía recordaba cómo se hacía una regresión- calculé que el cambio en el IPC puede estimarse como un 80% de la variación en los salarios más un 20% del cambio en el precio en pesos de los bienes que comercia el país. En este caso concreto no importa demasiado el tamaño de los ponderadores -- de todos modos el promedio ponderado de dos 28 porcientos tiene que ser sí o sí 28%.
Alguna vez -cuando todavía recordaba cómo se hacía una regresión- calculé que el cambio en el IPC puede estimarse como un 80% de la variación en los salarios más un 20% del cambio en el precio en pesos de los bienes que comercia el país. En este caso concreto no importa demasiado el tamaño de los ponderadores -- de todos modos el promedio ponderado de dos 28 porcientos tiene que ser sí o sí 28%.
hay que pasar el invierno
Linda nota de Diego Valenzuela sobre el barco salvador que regasificará gas licuado en Bahía Blanca ("Un barco misterioso para pasar el invierno" -- no la encuentro online). ¿Estaremos ante uno de los records históricos de brecha entre costo marginal e ingreso marginal?
Según Montamat, "el combustible será caro" (el precio del primer cargamento andaría por los 14 dólares el millón de BTU, más 2 o 3 dólares por el alquiler de la planta). Eso daría unos 16 o 17 dólares el millón de BTU, contra el gas de Bolivia, que cotiza a 7-8 dólares. El precio del gas para el consumo residencial en la Argentina es de 0,50 dólares, y lo que se le paga al productor supera levemente los 2 dólares.
lunes, mayo 12, 2008
un juego de niños
Y no de niñas, es el soccer. Eso sugiere, al menos, esta nota de 10 páginas del New York Times. El mecanismo fatal y amoral de Charles Darwin tiene entre sus consecuencias que:
If girls and young women ruptured their anterior cruciate ligaments (A.C.L.’s) at just twice the rate of boys and young men, it would be notable. Three times the rate would be astounding. But some researchers believe that in sports that both sexes play, and with similar rules — soccer, basketball, volleyball — female athletes rupture their A.C.L.’s at rates as high as five times that of males.
en defensa de las metas de inflación
En páginas opuestas, tuvimos en el Ieco de Bloguín a un economista extranjero (Stiglitz, el amigo de uno de nuestros Fernández) y uno nacional (la fina pluma de Levy Yeyati) criticando el sistema de metas de inflación. (Una pena que ese raro suplemento llamado Ieco no tenga una página como la gente, no incluya todas las notas (como estas dos de las que hablo) y haya heredado de Bloguín la mala costumbre de poner las últimas noticias en la portada).
El argumento de Stiglitz: el sistema de metas de inflación dice que hay que subir las tasas de interés cuando hay inflación por encima de la meta. La tasa de interés afecta a la demanda interna, y por esa vía influye sobre la inflación. Pero si la inflación es importada le estás errando al blanco: generás una recesión para tratar de reducir los precios de los bienes internos, cuando el problema son los bienes importados. Su conclusión es condundente:
Claro que inflación "importada" no quiere decir que suben al mismo tiempo y en medida igual todos los bienes que entran en el comercio internacional: quizás ocurre -como ahora- que suben sólo los alimentos y la energía pero no -o no tanto- los bienes industriales. ¿Cuánto apreciás la moneda en ese caso? Sencillo: en principio, hasta un punto tal que el precio del promedio de los bienes comerciables sea igual al anterior (si querés cero inflación importada, y un poquito menos si querés alguito de inflación, para que el golpe no sea tan fuerte en aquellos sectores cuyo precio baja). Desde luego que, según el país, eso podrá querer decir mejores (Argentina) o peores (Japón) términos de intercambio (TIE): la relación entre el precio de lo que exportás y lo que importás ha cambiado y eso no hay manera de modificarlo. Y seguramente en cada caso tendrás un impacto diferente en la economía local, vía un efecto ingreso: expansión en la Argentina por la mejora en los TIE, recesión en Japón porque caen. Entonces es posible que se necesite alguna política monetaria adicional (más apreciación en la Argentina, algo menos en Japón) para que el cambio en la demanda agregada local no tenga un efecto inflacionario.
Como era de esperar, la nota de ese empresario global de la antiglobalización y por lo tanto colega de Naomi Klein en que se ha convertido Joseph Stiglitz es muy inferior a la de Levy Yeyati, aunque parecida en su espíritu. Con foco en América Latina, observa que algunos países (México, Chile) tienen una dinámica de nivel de actividad declinante pero una amenaza inflacionaria: son, en una palabra, como Estados Unidos. ¿Deben seguir a las palomas norteamericanas o a los halcones europeos? La sutileza pasa por distinguir entre aquellos bancos centrales que ya pasaron sus tests de credibilidad y otros (como Colombia y México) que aparentemente no. Para estos últimos, seguir una política contracíclica puede chocar contra su objetivo de construir una reputación antiinflacionaria.
Con todo, sigo sin estar convencido de que haya aquí un dilema entre estabilidad y crecimiento. Si efectivamente el producto va a crecer menos que el potencial, entonces la política monetaria expansiva (a la que en este contexto defino simplemente como un aumento en el tipo de cambio real, esto es, una apreciación nominal de la moneda que no llega a compensar totalmente la inflación importada, de modo que mejora la relación entre precios externos y precios domésticos) no es inflacionaria, sino estabilizadora.
El argumento de Stiglitz: el sistema de metas de inflación dice que hay que subir las tasas de interés cuando hay inflación por encima de la meta. La tasa de interés afecta a la demanda interna, y por esa vía influye sobre la inflación. Pero si la inflación es importada le estás errando al blanco: generás una recesión para tratar de reducir los precios de los bienes internos, cuando el problema son los bienes importados. Su conclusión es condundente:
Tanto los países desarrollados como los países en desarrollo deben abandonar la meta inflacionaria. Ya bastante tienen con pagar los precios cada vez más altos de los alimentos y de la energía. El enfriamiento de la economía y el aumento del desempleo que trae aparejados la meta inflacionaria o tendrán mucho impacto en la inflación: sólo harán más difícil la tarea de sobrevivir en esas condiciones. [la negrita es original, esto es, bloguinesca]Con todo respeto, Joe, no podría estar más en desacuerdo. En los países en desarrollo -y ahora acaso también en los desarrollados- el principal canal de transmisión de la política monetaria a la economía es la tasa de cambio. Pero ni siquiera hace falta creer eso. Basta con creer que la autoridad monetaria puede manejar el tipo de cambio. Ante inflación importada, sencillo: apreciación proporcional como para que el precio de los bienes externos expresados en moneda local tengan el mismo valor. Ya lo decía Keynes -a mi juicio, uno de los inventores del sistema de metas de inflación- cuando en el Tract on Monetary Reform se admiraba de que la India hubiera apreciado su moneda en la inflación de 1919-1920 y depreciádola (?) en la inflación de 1921-22.
Claro que inflación "importada" no quiere decir que suben al mismo tiempo y en medida igual todos los bienes que entran en el comercio internacional: quizás ocurre -como ahora- que suben sólo los alimentos y la energía pero no -o no tanto- los bienes industriales. ¿Cuánto apreciás la moneda en ese caso? Sencillo: en principio, hasta un punto tal que el precio del promedio de los bienes comerciables sea igual al anterior (si querés cero inflación importada, y un poquito menos si querés alguito de inflación, para que el golpe no sea tan fuerte en aquellos sectores cuyo precio baja). Desde luego que, según el país, eso podrá querer decir mejores (Argentina) o peores (Japón) términos de intercambio (TIE): la relación entre el precio de lo que exportás y lo que importás ha cambiado y eso no hay manera de modificarlo. Y seguramente en cada caso tendrás un impacto diferente en la economía local, vía un efecto ingreso: expansión en la Argentina por la mejora en los TIE, recesión en Japón porque caen. Entonces es posible que se necesite alguna política monetaria adicional (más apreciación en la Argentina, algo menos en Japón) para que el cambio en la demanda agregada local no tenga un efecto inflacionario.
Como era de esperar, la nota de ese empresario global de la antiglobalización y por lo tanto colega de Naomi Klein en que se ha convertido Joseph Stiglitz es muy inferior a la de Levy Yeyati, aunque parecida en su espíritu. Con foco en América Latina, observa que algunos países (México, Chile) tienen una dinámica de nivel de actividad declinante pero una amenaza inflacionaria: son, en una palabra, como Estados Unidos. ¿Deben seguir a las palomas norteamericanas o a los halcones europeos? La sutileza pasa por distinguir entre aquellos bancos centrales que ya pasaron sus tests de credibilidad y otros (como Colombia y México) que aparentemente no. Para estos últimos, seguir una política contracíclica puede chocar contra su objetivo de construir una reputación antiinflacionaria.
Con todo, sigo sin estar convencido de que haya aquí un dilema entre estabilidad y crecimiento. Si efectivamente el producto va a crecer menos que el potencial, entonces la política monetaria expansiva (a la que en este contexto defino simplemente como un aumento en el tipo de cambio real, esto es, una apreciación nominal de la moneda que no llega a compensar totalmente la inflación importada, de modo que mejora la relación entre precios externos y precios domésticos) no es inflacionaria, sino estabilizadora.
(sólo para canallas)
¿Puede ser buena una fecha en la que perdiste? Sí: perdiste de visitante contra uno del lote de punteros, pero a cambio: (1) se dio el mejor resultado en Jujuy-Colón (empate); (ii) perdieron los dos que dividen sólo por este torneo, lo cual te aleja del descenso directo; (iii) Racing no ganó de local.
El descenso directo ahora parece más lejano (nunca digas nunca, pero...). La tabla muestra cuántos puntos tienen que sacar Olimpo, San Juan y Jujuy para alcanzar a Central, según la cantidad de puntos que Central obtenga en las 5 fechas que restan. Aun en un pronóstico híper pesimista (ganamos un sólo partido de 5 digamos, y perdemos los otros 4), deberían ocurrir al menos dos de las siguientes cosas para quedar entre los últimos dos: que Jujuy saque 11 puntos, que San Juan saque 11, que Olimpo saque 12. Estamos hablando de promedios de más de 2 puntos por fecha para equipos que tienen un punto y monedas. Difícil.

Salvo que Racing haga una campaña todavía peor que hasta ahora, la cosa se está perfilando así: entre Olimpo, San Juan y Jujuy, uno jugará la Promoción y otros dos irán al descenso directo; entre Racing, Central y Colón, dos se salvarán y uno jugará la Promoción.
Contra este microlote de los Amenazados Por La Promo, Central tiene una ventaja -relativa, como es todo en el fútbol, pero ventaja al fin-: un mejor fixture. Tras una racha durísima, contra equipos tradicionales de la A (Ñuls, San Lorenzo, River, Estudiantes, Racing, Vélez), con dos triunfos y cuatro derrotas, toca una serie de equipos cuya pertenencia a la categoría mayor ha sido en el mejor de los casos reciente o esporádica: Arsenal, Tigre, Lanús, San Juan, Argentinos. Sí, por ahí nos golean los cinco, pero los prefiero: han sacado poco más que un punto (1,17) de promedio en este torneo. Una vieja medida, que usábamos en el año 85 cuando palpitábamos el ascenso, es la sumatoria de puntos de los próximos rivales. Acá va la comparación con Colón y Racing:

Colón, por ejemplo, tiene que jugar contra los dos punteros, uno de sus perseguidores (San Lorenzo), Ñuls y Racing: la misma serie complicadísima que acaba de terminar Central. Racing tiene de visitante a Boca e Independiente, además del partido final en el Cementerio, y local con GELP y Huracán. La ventaja para Colón es que tiene 3 locales, contra 2 de Central y Racing. Contando todo -y teniendo en cuenta que, de los tres, es el que más puntos sacó en este torneo- Central debería ser el más favorito a salvarse de la promoción. Claro que esto es fútbol...
El descenso directo ahora parece más lejano (nunca digas nunca, pero...). La tabla muestra cuántos puntos tienen que sacar Olimpo, San Juan y Jujuy para alcanzar a Central, según la cantidad de puntos que Central obtenga en las 5 fechas que restan. Aun en un pronóstico híper pesimista (ganamos un sólo partido de 5 digamos, y perdemos los otros 4), deberían ocurrir al menos dos de las siguientes cosas para quedar entre los últimos dos: que Jujuy saque 11 puntos, que San Juan saque 11, que Olimpo saque 12. Estamos hablando de promedios de más de 2 puntos por fecha para equipos que tienen un punto y monedas. Difícil.

Salvo que Racing haga una campaña todavía peor que hasta ahora, la cosa se está perfilando así: entre Olimpo, San Juan y Jujuy, uno jugará la Promoción y otros dos irán al descenso directo; entre Racing, Central y Colón, dos se salvarán y uno jugará la Promoción.
Contra este microlote de los Amenazados Por La Promo, Central tiene una ventaja -relativa, como es todo en el fútbol, pero ventaja al fin-: un mejor fixture. Tras una racha durísima, contra equipos tradicionales de la A (Ñuls, San Lorenzo, River, Estudiantes, Racing, Vélez), con dos triunfos y cuatro derrotas, toca una serie de equipos cuya pertenencia a la categoría mayor ha sido en el mejor de los casos reciente o esporádica: Arsenal, Tigre, Lanús, San Juan, Argentinos. Sí, por ahí nos golean los cinco, pero los prefiero: han sacado poco más que un punto (1,17) de promedio en este torneo. Una vieja medida, que usábamos en el año 85 cuando palpitábamos el ascenso, es la sumatoria de puntos de los próximos rivales. Acá va la comparación con Colón y Racing:

Colón, por ejemplo, tiene que jugar contra los dos punteros, uno de sus perseguidores (San Lorenzo), Ñuls y Racing: la misma serie complicadísima que acaba de terminar Central. Racing tiene de visitante a Boca e Independiente, además del partido final en el Cementerio, y local con GELP y Huracán. La ventaja para Colón es que tiene 3 locales, contra 2 de Central y Racing. Contando todo -y teniendo en cuenta que, de los tres, es el que más puntos sacó en este torneo- Central debería ser el más favorito a salvarse de la promoción. Claro que esto es fútbol...
una respuesta argentina a las miserias argentinas
Entiendo que Bloguín y el gobierno estén en un conflicto. Entiendo que en los conflictos no siempre se utilizan armas leales. Pero: ¿no es too much titular "Corrupción se escribe con K de Keanu" para comentar una película? ¿Y no es artero anunciar "Artemio López: la canasta básica de alimentos sube 25%?" cuando 25% es la proyección para todo el año?
jueves, mayo 08, 2008
out, liars!
A ver si este cuadrito ayuda a que no le busquemos la quinta pata al gato. Juro que la selección de países fue honesta, simplemente elegí los "emergentes" más o menos significativos de América Latina y Asia (clickear para agrandar):

Ha sido una casi-década de dólar débil. La mayoría de los países fortaleció sus monedas. No lo hicieron, claro, quienes tuvieron que enfrentar graves crisis externas en el período (Uruguay, Turquía, Argentina). Pero nosotros fuimos todavía más allá. ¿Cuánto era el atraso cambiario en 2001? ¿20%, como decía Cavallo? ¿40%, como decía esta gente? No sé, pero lo que es seguro es que nos fuimos de mambo. Funcionó tres años y nos entusiasmamos. Con atajos.

Ha sido una casi-década de dólar débil. La mayoría de los países fortaleció sus monedas. No lo hicieron, claro, quienes tuvieron que enfrentar graves crisis externas en el período (Uruguay, Turquía, Argentina). Pero nosotros fuimos todavía más allá. ¿Cuánto era el atraso cambiario en 2001? ¿20%, como decía Cavallo? ¿40%, como decía esta gente? No sé, pero lo que es seguro es que nos fuimos de mambo. Funcionó tres años y nos entusiasmamos. Con atajos.
el trust harinero está en todas partes
Last month, 45 U.S. food-processing groups, representing firms whose raw material costs have gone through the roof, demanded that the U.S. agriculture secretary release farmers from their contractual obligation to maintain a portion of their land for wildlife preservation. The U.S. baking industry's trade association, representing firms such as Kellogg Co., Sara Lee Corp. and Interstate Bakeries Corp., plans a march on Washington by the firms' employees later this month to press for a reduction in U.S. wheat exports...
miércoles, mayo 07, 2008
in the long run
Mientras acá nos rasgamos las vestiduras a ver quién es más hetordoxo -o, a decir verdad, a ver quien logra estirar más la etiqueta de "heterodoxia" para incluir debajo de ella proposiciones tales como que en última instancia el crecimiento económico depende del superávit fiscal- en el lento movimiento tectónico de la historia la escuela neoclásica empieza a tener la esperanza de ganar el partido más importante de todos, uno que ya parecía perdido: el de la convergencia.
Sí: hoy es más cierto que nunca antes en la historia que los países pobres crecen más que los países ricos. Gran mapa de este gran sitio del FMI (los colores muestran el crecimiento económico según la escala adjunta):

Sí: hoy es más cierto que nunca antes en la historia que los países pobres crecen más que los países ricos. Gran mapa de este gran sitio del FMI (los colores muestran el crecimiento económico según la escala adjunta):

el new york times desinforma

Podría decir Cristina. ¿No se cree amiga de Hillary? Bueno pues que proteste por esta tapa del NYTimes, que se ha vuelto decidiamente Obamista. Que vaya a explicar la diferencia entre libertad y libertinaje, entre el derecho a informar y el deber a informar sin sesgos.
iva más o menos bien, ya no
Qué país ridículo, tener que hacer estas alquimias para tratar de adivinar la inflación. Hasta hace poco me decepcionaba no tener índices de precios al consumidor confiables para fines del siglo XIX. Y ahora no los tenemos para comienzos del XXI.
El cuadrito (ya algo repetido) en este caso es para ver si la recaudación de IVA puede ser un buen indicador. Es raro: restándole 9% -una estimación gruesa del crecimiento del consumo- el IVA-DGI estima una inflación muy alta en 2006, después en algún momento llega a bajar hasta 10%, y ahora volvió a pegar un salto a 20%. Por algún motivo, IVA total (que incluye el IVA sobre importaciones) se aproxima más a otras medidas, p.ej. la de facturación de supermercados y la inflación neuquina.

El cuadrito (ya algo repetido) en este caso es para ver si la recaudación de IVA puede ser un buen indicador. Es raro: restándole 9% -una estimación gruesa del crecimiento del consumo- el IVA-DGI estima una inflación muy alta en 2006, después en algún momento llega a bajar hasta 10%, y ahora volvió a pegar un salto a 20%. Por algún motivo, IVA total (que incluye el IVA sobre importaciones) se aproxima más a otras medidas, p.ej. la de facturación de supermercados y la inflación neuquina.

en tanto blogger
1. Recientemente, Rodrik se preguntó en su blog si los buenos economistas continuarían publicando en el futuro en la blogosfera, debido al tiempo que lleva escribir un buen post. ¿Qué opinión tenés al respecto?
Buena reflexión. Lleva tiempo. Pero creo que la idea de que el mejor economista es el que se pasa más horas en el laboratorio es errada, ¿o no? Apuesto a que Keynes o Friedman tendrían un blog.
2. Qué cantidad de visitas diarios tenés en tu blog?
Hubo un salto con la Rebelión en la Chacra, después se estabilizó en alrededor de 900 visitas diarias (y el doble de "páginas vistas").
3. Cuales son las razones que te motivan a tener un blog?
Aunque no lo leyera nadie está bueno como libretita de apuntes. Claro que después empieza a funcionar el ego: me leen, lo hago un poco mejor para que me lean más, me leen más, lo hago todavía un poco mejor... En momentos de lucidez te das cuenta de que hay que volver a la idea de la libretita de apuntes, pero en otros momentos caés en la trampa de la petit-popularidad.
4. Cualquier otra consideración que se te ocurra sobre el presente y el futuro de la blogósfera
Faltan empresarios. Muchos inventos se iniciaron como esfuerzos individuales o anárquicos, y los primeros que lograron hacerlo hicieron buen negocio. La energía de los bloggers mejor organizada -que no quiere decir privada de su frescura- daría lugar a un producto mejor. No me imagino del todo de qué se trata.
Buena reflexión. Lleva tiempo. Pero creo que la idea de que el mejor economista es el que se pasa más horas en el laboratorio es errada, ¿o no? Apuesto a que Keynes o Friedman tendrían un blog.
2. Qué cantidad de visitas diarios tenés en tu blog?
Hubo un salto con la Rebelión en la Chacra, después se estabilizó en alrededor de 900 visitas diarias (y el doble de "páginas vistas").
3. Cuales son las razones que te motivan a tener un blog?
Aunque no lo leyera nadie está bueno como libretita de apuntes. Claro que después empieza a funcionar el ego: me leen, lo hago un poco mejor para que me lean más, me leen más, lo hago todavía un poco mejor... En momentos de lucidez te das cuenta de que hay que volver a la idea de la libretita de apuntes, pero en otros momentos caés en la trampa de la petit-popularidad.
4. Cualquier otra consideración que se te ocurra sobre el presente y el futuro de la blogósfera
Faltan empresarios. Muchos inventos se iniciaron como esfuerzos individuales o anárquicos, y los primeros que lograron hacerlo hicieron buen negocio. La energía de los bloggers mejor organizada -que no quiere decir privada de su frescura- daría lugar a un producto mejor. No me imagino del todo de qué se trata.
lunes, mayo 05, 2008
"el defensor número uno de la ampliación de los cultivos de soya en Argentina"
Adiviná quién se autodefine así, añadiendo luego que "La soya es una fábrica de fertilizantes, una fábrica de nitrógeno; además, la semilla se inocula y produce mucho más. Sirve el suelo después para una rotación de una gramínea que no produce nitrógeno y lo necesita. Es realmente un privilegio esa planta..."
Frío, frío. Es él, of all people.
Frío, frío. Es él, of all people.
viva la inseguridad jurídica
¿No estaría bueno que la oposición le vaya avisando a los constructores del Tren Bala que piensa hacerle default si en algún momento es gobierno? Quizás sirve, ex post, en alguna corte tipo CIADI, para que la multa por la rescisión sea más barata. Perfil contaba hoy que si el costo por kilómetro iguala al de un tren de las llanuras germánicas, el costo total sería US$ 16 millardos.
el torneo más divertido del mundo
Cómo se sufrió en el choque de Academias, brillantemente prologado por Hugo Asch en Perfil ("Al lado de Central-Racing, Boca-River es un partidito"; "El que piensa que el partido del domingo es Boca-River no sabe nada de fútbol").
Pregunto: ¿hay algún otro torneo del mundo en el que faltando seis fechas casi todos estén peleando por algo? Miremos por un segundo lo que es la emoción del torneo argentino. La tabla de abajo indica a cuántos puntos está cada equipo de diversos objetivos: a cuánto del puntero del torneo, a cuánto del último que entra en la Sudamericana, a cuánto del último que se salva de la Promo, etc. (el signo "-" indica que está debajo de su objetivo). Hay algunas dificultades para hacer esta cuenta incorporando a los recién ascendidos, y más aun para contemplar el hecho de que el año que viene habrá al menos dos "pichis nuevos" -como solía llamarlos la hinchada de Plantense- compitiendo por los descensos.
Para simplificar, el cálculo es el siguiente: si en la columna "Promoción 09" tenés, como tiene Central, 2 puntos, quiere decir que si hoy tuvieras 2 puntos menos estarías justito afuera de la Promo 09. Si tenés, como Gimnasia de Jujuy, -8 en la columna "Promoción", quiere decir que con 8 puntos más estarías justo empardado con el que se salva de la Promo de este año (Central).

Los colores indican si se está a menos de diez puntos de diferencia del objetivo (en el caso de la lucha por no descender el 2009, quince puntos). Es notable que todos los equipos estén peleando por algo. Pensando sólo en las cosas que se resuelven este año (campeón, Sudamericana y descensos), hay 19 equipos que tienen a la vista un objetivo. Y el único que no pelea por nada en estas 6 fechas que restan (Gimnasia de La Plata) está hoy 12 puntos por debajo de la línea de flotación para la Promo 09.
En el otro extremo: hay un equipo (Newell's) del que puede decirse que está pelando en tres frentes, sólo pensando en este año: con 6 puntos más estaría puntero y con 3 más estaría en zona de Sudamericana, pero con 4 menos estaría junto a Central en el último puesto de los que se salvan de la Promo. Si se suma a ello que con 11 menos estaría en zona de descenso para el año que viene, y que es uno de los dos que está en la línea de flotación para la Promo 09, puede decirse que la lepra está luchando en 5 frentes.
¿Se imaginan nuestra liga sin promedios y con torneo largo? En la fecha 25, con 13 por jugar, estarían disputando el título River, Boca y alguno más (Independiente, San Lorenzo, Vélez o alguna sorpresa). Los Lanuses, Arsenales y Centrales no podrían soñar con un campeonato (sueños que, de todos modos, suelen resultar nada más que eso). Además, jamás podrían participar de una copa, porque arriesgarían el descenso de ese año. Si el propio Alfaro decía que ponía titulares en el torneo local mientras jugaban semis de la Sudamericana para no quedar en la historia como el técnico que dilapidó el promedio de Arsenal, imagínense sin promedios! Y guarda con eso de que el sistema de promedios hace que una mala campaña sea menos grave: sí, es un tercio de grave, pero un tercio de grave durante tres años. La pésima primera rueda de Ischia en Central (ganó un partido) nos va a doler hasta el mundial de Sudáfrica.
Ahora nos falta ser pioneros en la aplicación del tiempo neto, y quizás alguno de los otros cambios reglamentarios que alguna vez apuntamos.
Pregunto: ¿hay algún otro torneo del mundo en el que faltando seis fechas casi todos estén peleando por algo? Miremos por un segundo lo que es la emoción del torneo argentino. La tabla de abajo indica a cuántos puntos está cada equipo de diversos objetivos: a cuánto del puntero del torneo, a cuánto del último que entra en la Sudamericana, a cuánto del último que se salva de la Promo, etc. (el signo "-" indica que está debajo de su objetivo). Hay algunas dificultades para hacer esta cuenta incorporando a los recién ascendidos, y más aun para contemplar el hecho de que el año que viene habrá al menos dos "pichis nuevos" -como solía llamarlos la hinchada de Plantense- compitiendo por los descensos.
Para simplificar, el cálculo es el siguiente: si en la columna "Promoción 09" tenés, como tiene Central, 2 puntos, quiere decir que si hoy tuvieras 2 puntos menos estarías justito afuera de la Promo 09. Si tenés, como Gimnasia de Jujuy, -8 en la columna "Promoción", quiere decir que con 8 puntos más estarías justo empardado con el que se salva de la Promo de este año (Central).

Los colores indican si se está a menos de diez puntos de diferencia del objetivo (en el caso de la lucha por no descender el 2009, quince puntos). Es notable que todos los equipos estén peleando por algo. Pensando sólo en las cosas que se resuelven este año (campeón, Sudamericana y descensos), hay 19 equipos que tienen a la vista un objetivo. Y el único que no pelea por nada en estas 6 fechas que restan (Gimnasia de La Plata) está hoy 12 puntos por debajo de la línea de flotación para la Promo 09.
En el otro extremo: hay un equipo (Newell's) del que puede decirse que está pelando en tres frentes, sólo pensando en este año: con 6 puntos más estaría puntero y con 3 más estaría en zona de Sudamericana, pero con 4 menos estaría junto a Central en el último puesto de los que se salvan de la Promo. Si se suma a ello que con 11 menos estaría en zona de descenso para el año que viene, y que es uno de los dos que está en la línea de flotación para la Promo 09, puede decirse que la lepra está luchando en 5 frentes.
¿Se imaginan nuestra liga sin promedios y con torneo largo? En la fecha 25, con 13 por jugar, estarían disputando el título River, Boca y alguno más (Independiente, San Lorenzo, Vélez o alguna sorpresa). Los Lanuses, Arsenales y Centrales no podrían soñar con un campeonato (sueños que, de todos modos, suelen resultar nada más que eso). Además, jamás podrían participar de una copa, porque arriesgarían el descenso de ese año. Si el propio Alfaro decía que ponía titulares en el torneo local mientras jugaban semis de la Sudamericana para no quedar en la historia como el técnico que dilapidó el promedio de Arsenal, imagínense sin promedios! Y guarda con eso de que el sistema de promedios hace que una mala campaña sea menos grave: sí, es un tercio de grave, pero un tercio de grave durante tres años. La pésima primera rueda de Ischia en Central (ganó un partido) nos va a doler hasta el mundial de Sudáfrica.
Ahora nos falta ser pioneros en la aplicación del tiempo neto, y quizás alguno de los otros cambios reglamentarios que alguna vez apuntamos.
domingo, mayo 04, 2008
bife de chorizo
El dato de facturación de supermercados fue como Ischia según el Diego: un bife de chorizo, no hace ni bien ni mal. En pesos corrientes aumentó 41,2% en marzo contra el mismo mes del año anterior. Representa una leve desaceleración respecto al 42,7% de febrero-febrero. ¿Cuánto de eso es inflación? El ojímetro de Rollo, aquí optimista, supone que el consumo viene creciedo al 9%. Eso daría una inflación de 32%.
¿qué crisis?
Hace dos semanas teníamos recesión norteamericana y estanflación argentina. Ahora la probabilidad de una recesión en 2008 en Estados Unidos (que andaba por 75% en algún momento) está cerca de 25%, dicen las apuestas; y juntamos cuatro semanas consecutivas de caída en la canasta básica en la Argentina.
Las líneas que siguen (un ejercicio en el arte de hablar mucho diciendo poco) fueron escritas hace cuatro días, cuando todo estaba en crisis:
Para los que hemos nacido en los setenta, el país ha estado casi siempre en “crisis”. Sólo en los últimos cuatro o cinco años “la crisis” empezó a aludir no ya al estado general de las cosas en el país, y en particular en su economía, sino a un evento concreto e identificable que poco a poco iba quedando en el pasado, y que de tan ominoso nunca tuvo un nombre propio consagrado, como lo habían tenido el Rodrigazo, el Tequila o la hiperinflación. Cuando a la crisis con epicentro en el año 2001 la llamábamos la “última crisis económica” teníamos la esperanza de que el adjetivo fuera análogo al de “la última dictadura”: que no signficara solamente “la más reciente” sino también la que daba fin a una serie larga y tumultuosa de traumas macroeconómicos de variado tipo.
Hoy se ha vuelto a oír “crisis” como una referencia no al pasado sino al presente. No se sabe bien qué es –¿la inflación?; ¿el campo?; ¿el cambio de un ministro?– pero un ambiente de inquietud sobre el futuro económico cercano se ha generalizado en las últimas semanas. ¿Tiene algún fundamento, o es la psicosis de una sociedad sensibilizada por su pasado tormentoso? ¿Existen, en verdad, desafíos de importancia para esta administración remozada por un mismo apellido –Fernández– hace cinco meses en lo político y hace pocos días en lo económico, o son turbulencias menores dentro de una prolongada época de prosperidad construida alrededor de otro apellido, que es Kirchner?
Conviene separar lo urgente de lo importante. Lo urgente, lo que dibujó el mayor conflicto político de la época y acabó con el efímero ministerio de Lousteau, es la resolución del contrapunto con el sector agropecuario. Es posible que en este terreno los altos costos pagados por el gobierno y por la sociedad no hayan sido completamente en vano. Mientras se escriben estas líneas da la impresión de que al menos las más desgraciadas intervenciones oficiales en la cadena de valor agropecuaria (esto es, su política cárnica y láctea) se verán moderadas si se firma la paz. En ese caso, el sector deberá felicitarse de haber convertido lo importante –la vigencia de incentivos razonables para la producción– en urgente, y la sociedad debería preguntarse si no hay un problema grave de representación en un país en el que el corte de rutas es el modo más exitoso de protesta.
Respecto al punto más mediático de las retenciones, asoma una auténtica paradoja. En el momento inicial, el gobierno defendía el esquema móvil de gravamen a las exportaciones –según el cual la tasa impositiva bajaba si el precio se reducía, y viceversa– y los productores rurales la tasa fija. La inspiración de ambos seguramente era menos conceptual que pecuniaria: la tablita de Lousteau implicaba grandes aumentos en el impuesto, particularmente a la soja y el girasol. Hoy, con precios algo más bajos que entonces, y con la percepción de que aquellos niveles eran verdaderamente excepcionales, puede ser más conveniente para el campo luchar no tanto por el paso a la retención fija, sino por un sistema móvil purificado de los excesos del esquema inicial (como aquella previsión odiosa que estipulaba que a partir de ciertos valores sólo uno de cada veinte dólares de aumento de precios quedaba en manos de los productores, y diecinueve en las arcas públicas). Desde el gobierno, en cambio, la defensa de la tasa móvil ha perdido fundamento por el cambio de precios y de ministro. En otras palabras: cada contendiente parece estar defendiendo el sistema que menos le conviene.
Pero un final medianamente feliz al tema candente del sector agropecuario no constituiría solución alguna al problema principal detrás de la crisis del campo y de la salida del ministro. Lousteau se esforzó por dejar en claro que su separación se debía a la prioridad que él le otorgaba al combate a la inflación. En el acto de retirarse de la escena revelándose como un estabilizador de último minuto, reforzó la impresión, ya evidente por otros motivos, de que los Kirchner no consideran que la suba de precios tenga entidad suficiente como para requerir un tratamiento que no acabe en el voluntarismo. Néstor Kirchner parece creer que la fórmula usada durante su mandato (dólar fijo, superávit fiscal, acciones directas sobre los precios y poco más) alcanza en toda circunstancia para que la economía crezca con inflación moderada.
Lo máximo que está dispuesto a apartarse de aquel esquema es retomar una idea perdida en algún momento entre la campaña de su mujer y el cambio de mando: la noción de un acuerdo social, esto es, un entendimiento más o menos explícito sobre el sendero futuro de ciertos precios clave en la economía, y muy especialmente del nivel de salarios. Con la mayoría de las paritarias ya firmadas, la pretensión sería coordinar el curso futuro de los sueldos, si no es con un congelamiento al menos con aumentos más esporádicos o más módicos. No es necesariamente una mala idea: la carrera descontrolada de salarios hace poco por levantar su poder de compra porque también impacta sobre los niveles de precios. Coordinar esos aumentos podría ayudar a contener la inercia inflacionaria que típicamente aparece cuando los incrementos ocurren en distintos momentos y en diferentes proporciones: siempre habrá alguno que tiene que recuperar terreno perdido. La idea no carece, por ese mismo motivo, de algunas dificultades de aplicación: ¿aceptarán entrar en un acuerdo los gremios que en marzo firmaron menos de 20%, cuando otros negocian cerca de 30%? ¿Es posible compensarlos sin acelerar al menos momentáneamente la inflación?
En todo caso, el acuerdo social puede ayudar en la medida en que también se combatan otras causas más profundas de la inflación, que también tienen un componente psicologico o, más técnicamete, de expectativas. En última instancia, el cambio más fundamental pasa por que el Banco Central defina que su tarea principal es la que prevé su carta orgánica: no la defensa de la competitividad del país por la vía de una moneda suficientemente depreciada, sino la defensa de la estabilidad de precios. Mientras siga existiendo la percepción generalizada de que el Banco Central depreciará en algún momento el peso para compensar por la inflación acumulada (una sensación que se expresa materialmente en los avatares recientes del mercado de cambios), es imposible que la Argentina retorne a tasas de inflación civilizadas. Y es difícil, a su vez, que con el problema de la inflación irresuelto no volvamos a escuchar en un futuro no tan lejano la palabra “crisis”.
Las líneas que siguen (un ejercicio en el arte de hablar mucho diciendo poco) fueron escritas hace cuatro días, cuando todo estaba en crisis:
Para los que hemos nacido en los setenta, el país ha estado casi siempre en “crisis”. Sólo en los últimos cuatro o cinco años “la crisis” empezó a aludir no ya al estado general de las cosas en el país, y en particular en su economía, sino a un evento concreto e identificable que poco a poco iba quedando en el pasado, y que de tan ominoso nunca tuvo un nombre propio consagrado, como lo habían tenido el Rodrigazo, el Tequila o la hiperinflación. Cuando a la crisis con epicentro en el año 2001 la llamábamos la “última crisis económica” teníamos la esperanza de que el adjetivo fuera análogo al de “la última dictadura”: que no signficara solamente “la más reciente” sino también la que daba fin a una serie larga y tumultuosa de traumas macroeconómicos de variado tipo.
Hoy se ha vuelto a oír “crisis” como una referencia no al pasado sino al presente. No se sabe bien qué es –¿la inflación?; ¿el campo?; ¿el cambio de un ministro?– pero un ambiente de inquietud sobre el futuro económico cercano se ha generalizado en las últimas semanas. ¿Tiene algún fundamento, o es la psicosis de una sociedad sensibilizada por su pasado tormentoso? ¿Existen, en verdad, desafíos de importancia para esta administración remozada por un mismo apellido –Fernández– hace cinco meses en lo político y hace pocos días en lo económico, o son turbulencias menores dentro de una prolongada época de prosperidad construida alrededor de otro apellido, que es Kirchner?
Conviene separar lo urgente de lo importante. Lo urgente, lo que dibujó el mayor conflicto político de la época y acabó con el efímero ministerio de Lousteau, es la resolución del contrapunto con el sector agropecuario. Es posible que en este terreno los altos costos pagados por el gobierno y por la sociedad no hayan sido completamente en vano. Mientras se escriben estas líneas da la impresión de que al menos las más desgraciadas intervenciones oficiales en la cadena de valor agropecuaria (esto es, su política cárnica y láctea) se verán moderadas si se firma la paz. En ese caso, el sector deberá felicitarse de haber convertido lo importante –la vigencia de incentivos razonables para la producción– en urgente, y la sociedad debería preguntarse si no hay un problema grave de representación en un país en el que el corte de rutas es el modo más exitoso de protesta.
Respecto al punto más mediático de las retenciones, asoma una auténtica paradoja. En el momento inicial, el gobierno defendía el esquema móvil de gravamen a las exportaciones –según el cual la tasa impositiva bajaba si el precio se reducía, y viceversa– y los productores rurales la tasa fija. La inspiración de ambos seguramente era menos conceptual que pecuniaria: la tablita de Lousteau implicaba grandes aumentos en el impuesto, particularmente a la soja y el girasol. Hoy, con precios algo más bajos que entonces, y con la percepción de que aquellos niveles eran verdaderamente excepcionales, puede ser más conveniente para el campo luchar no tanto por el paso a la retención fija, sino por un sistema móvil purificado de los excesos del esquema inicial (como aquella previsión odiosa que estipulaba que a partir de ciertos valores sólo uno de cada veinte dólares de aumento de precios quedaba en manos de los productores, y diecinueve en las arcas públicas). Desde el gobierno, en cambio, la defensa de la tasa móvil ha perdido fundamento por el cambio de precios y de ministro. En otras palabras: cada contendiente parece estar defendiendo el sistema que menos le conviene.
Pero un final medianamente feliz al tema candente del sector agropecuario no constituiría solución alguna al problema principal detrás de la crisis del campo y de la salida del ministro. Lousteau se esforzó por dejar en claro que su separación se debía a la prioridad que él le otorgaba al combate a la inflación. En el acto de retirarse de la escena revelándose como un estabilizador de último minuto, reforzó la impresión, ya evidente por otros motivos, de que los Kirchner no consideran que la suba de precios tenga entidad suficiente como para requerir un tratamiento que no acabe en el voluntarismo. Néstor Kirchner parece creer que la fórmula usada durante su mandato (dólar fijo, superávit fiscal, acciones directas sobre los precios y poco más) alcanza en toda circunstancia para que la economía crezca con inflación moderada.
Lo máximo que está dispuesto a apartarse de aquel esquema es retomar una idea perdida en algún momento entre la campaña de su mujer y el cambio de mando: la noción de un acuerdo social, esto es, un entendimiento más o menos explícito sobre el sendero futuro de ciertos precios clave en la economía, y muy especialmente del nivel de salarios. Con la mayoría de las paritarias ya firmadas, la pretensión sería coordinar el curso futuro de los sueldos, si no es con un congelamiento al menos con aumentos más esporádicos o más módicos. No es necesariamente una mala idea: la carrera descontrolada de salarios hace poco por levantar su poder de compra porque también impacta sobre los niveles de precios. Coordinar esos aumentos podría ayudar a contener la inercia inflacionaria que típicamente aparece cuando los incrementos ocurren en distintos momentos y en diferentes proporciones: siempre habrá alguno que tiene que recuperar terreno perdido. La idea no carece, por ese mismo motivo, de algunas dificultades de aplicación: ¿aceptarán entrar en un acuerdo los gremios que en marzo firmaron menos de 20%, cuando otros negocian cerca de 30%? ¿Es posible compensarlos sin acelerar al menos momentáneamente la inflación?
En todo caso, el acuerdo social puede ayudar en la medida en que también se combatan otras causas más profundas de la inflación, que también tienen un componente psicologico o, más técnicamete, de expectativas. En última instancia, el cambio más fundamental pasa por que el Banco Central defina que su tarea principal es la que prevé su carta orgánica: no la defensa de la competitividad del país por la vía de una moneda suficientemente depreciada, sino la defensa de la estabilidad de precios. Mientras siga existiendo la percepción generalizada de que el Banco Central depreciará en algún momento el peso para compensar por la inflación acumulada (una sensación que se expresa materialmente en los avatares recientes del mercado de cambios), es imposible que la Argentina retorne a tasas de inflación civilizadas. Y es difícil, a su vez, que con el problema de la inflación irresuelto no volvamos a escuchar en un futuro no tan lejano la palabra “crisis”.
jueves, mayo 01, 2008
por momentos soy kirchnerista
Como cuando Borón critica a los pingüinos por no imponer una agenda de reformismo burgués: "el bien es el socialismo"; "un programa de desprivatización"; "las retenciones sean asignadas exclusivamente a combatir la pobreza y a reconstruir la infraestructura física del país y no al pago de la deuda"*.
Ah, me he vuelto un conservador.
*(a ver si alguna vez entendemos que las retenciones no se usan para nada específico, sino que entran en la bolsa general).
Ah, me he vuelto un conservador.
*(a ver si alguna vez entendemos que las retenciones no se usan para nada específico, sino que entran en la bolsa general).
¿y si en vez del tren bala...
...hacemos el Puente a Colonia? Ya sé que ya lo dije, ya sé que es un proyecto menemista, pero es que me da mucha pena. Los chinos acaban de inaugurar un puente de 36 kilómetros. Les costó 1400 millones de dólares. Es sobre el mar, que debe ser más caro que el río. Tres carriles de cada lado. Lo hicieron para ahorrarse dos horas de viaje, serán dos en lugar de cuatro.
¿Para el trayecto Buenos Aires-Montevideo cuánto sería el ahorro de tiempo? ¿De siete horas a dos horas, aprox (suponiendo que no estuviera cortado Gualeguaychú)? ¿Y a Colonia? ¿De 5 horas a media? En cambio el ahorro en tiempo Buenos Aires-Rosario con el tren bala es aproximadamente cero: en auto son tres horas; en tren bala será una hora de taxi a José León Suárez, media de espera (no vas a llegar justo ¿o sí?) y una y media de viaje. Y Rosario es una ciudad menos poblada que Montevideo. Y hay que sumarle que no es sólo para ir a Montevideo, es para ir a todo el Uruguay y el sur de Brasil.
miércoles, abril 30, 2008
victoria tardía de martín y los suyos
Dice Gambitoweb que "las entidades" están preparando una propuesta que mantiene el carácter móvil de las retenciones, aunque desde luego baja las tasas. Lo dicho: la movilidad era, en principio, una buena idea. Arruinada políticamente por la mala oportunidad, la pobre comunicación y las tasas confiscatorias, así y todo quizás sobreviva.
estudiantes de la plata
Al final Jane Austen ("A large income is the best recipe for happiness I ever heard of") no estaba tan errada: ahora dicen que el dinero hace a la felicidad.
lunes, abril 28, 2008
material para un próximo post
Se llamaría "estabilización o enfriamiento", y es posible que el post no haga falta. Cada año corresponde a uno de los grandes planes de estabilización de posguerra (dejé afuera casos un poco menos claros como Perón II o Martínez de Hoz). La inflación y el crecimiento son la tasa anual en los dos años calendarios anteriores y posteriores al año del plan. Ej: "Antes" para el Austral es 1983 y 1984, y "Después" es 1986 y 1987. Hay motivos metodológicos (carencia de data más corta de producto) y conceptuales (¿el desempeño durante la fase inicial de la estabilización se debe a ella o a la inflación que la motivó?) para no incluir en cada caso el año del plan. El anuncio de Frondizi es el 29 de diciembre del 58 pero se consideró 1959 al de la estabilización.










mal entendidos
Economistas de derecha, de izquierda y del medio repiten sin cesar este argumento: si el dólar se sostiene con compras del Tesoro en lugar de con emisión monetaria, no hay un efecto inflacionario. Por lo tanto es preferible sostener el dólar con fondos del Tesoro que con compras del BCRA. Aunque se trate de un momento donde la discusión está cambiando -hoy sostener el dólar quiere decir evitar que suba- analicemos el argumento. (Tag: "Posts de esos ilegibles de LCM").
El superávit fiscal tiene, per se, un efecto contractivo en la cantidad de dinero: el Estado le saca al sector privado vía impuestos más pesos de los que le devuelve por el gasto público. La cantidad de dinero en manos privadas cae automáticamente como resultado del superávit fiscal. Ya que la demanda de dinero del sector privado no necesariamente ha caído, eso debería apreciar la moneda. Llegado ese punto, si se quiere compensar el efecto monetario contractivo no hay diferencia alguna entre hacerlo con pesos nuevitos emitidos por el BCRA que con ese excedente de pesos usados con que se quedó el Tesoro. Los billetes huelen igual, se ven igual y tienen los mismos próceres.
Pero insistimos: en cualquiera de las alternativas, apenas se compensa un efecto inicialmente apreciador. Un superávit compensado monetariamente con una emisión equivalente (sean pesos nuevitos o pesos reciclados por el Tesoro) no tiene un efecto monetario más depreciador que el equilibrio fiscal. Quizás se entienda mirando el extremo opuesto: todos creemos que si el Estado gasta más de lo que recauda y emite por la diferencia sube el dólar, ¿verdad? ¿Por qué no creemos, entonces, que si el Estado obtiene más de lo que gasta -y no devuelve esa diferencia- bajará el dólar?
¿Estoy diciendo que es falaz el nuevo caballito de batalla de los en-este-punto- irreconocibles-heterodoxos de que puede sostenerse el modelo de "tipo de cambio real alto y estable" con un superávit fiscal adecuado? No. Estoy diciendo que su manera habitual de argumentarlo es errada. El superávit fiscal dedicado a compar pesos no deprecia el tipo de cambio nominal; y un superávit fiscal no compensado monetariamente de hecho *aprecia* la moneda. Aumentar el superávit fiscal para tener más pesos para poder comprar más dólares en el mercado de cambios es un perro que da vueltas cada vez más rápido para poder morderse la cola. El efecto monetario es nulo.
Lo que sí es cierto es que cuanto menos gasta un país respecto a sus ingresos, menor es la demanda doméstica y mayor el tipo de cambio real; y que el Estado puede contribuir a ese ahorro nacional. Pero esta parte conceptualmente coherente tiene un problema de magnitudes: ¿cuánto afecta a la demanda de empleo, y por lo tanto al salario real, y por lo tanto al tipo de cambio real, una diferencia de dos puntos en el balance fiscal? Poquito, muy poquito. Superávit o no, el Big Mac va a salir 12 pesos porque es lo que tiene que salir en un país como la Argentina.
El superávit fiscal tiene, per se, un efecto contractivo en la cantidad de dinero: el Estado le saca al sector privado vía impuestos más pesos de los que le devuelve por el gasto público. La cantidad de dinero en manos privadas cae automáticamente como resultado del superávit fiscal. Ya que la demanda de dinero del sector privado no necesariamente ha caído, eso debería apreciar la moneda. Llegado ese punto, si se quiere compensar el efecto monetario contractivo no hay diferencia alguna entre hacerlo con pesos nuevitos emitidos por el BCRA que con ese excedente de pesos usados con que se quedó el Tesoro. Los billetes huelen igual, se ven igual y tienen los mismos próceres.
Pero insistimos: en cualquiera de las alternativas, apenas se compensa un efecto inicialmente apreciador. Un superávit compensado monetariamente con una emisión equivalente (sean pesos nuevitos o pesos reciclados por el Tesoro) no tiene un efecto monetario más depreciador que el equilibrio fiscal. Quizás se entienda mirando el extremo opuesto: todos creemos que si el Estado gasta más de lo que recauda y emite por la diferencia sube el dólar, ¿verdad? ¿Por qué no creemos, entonces, que si el Estado obtiene más de lo que gasta -y no devuelve esa diferencia- bajará el dólar?
¿Estoy diciendo que es falaz el nuevo caballito de batalla de los en-este-punto- irreconocibles-heterodoxos de que puede sostenerse el modelo de "tipo de cambio real alto y estable" con un superávit fiscal adecuado? No. Estoy diciendo que su manera habitual de argumentarlo es errada. El superávit fiscal dedicado a compar pesos no deprecia el tipo de cambio nominal; y un superávit fiscal no compensado monetariamente de hecho *aprecia* la moneda. Aumentar el superávit fiscal para tener más pesos para poder comprar más dólares en el mercado de cambios es un perro que da vueltas cada vez más rápido para poder morderse la cola. El efecto monetario es nulo.
Lo que sí es cierto es que cuanto menos gasta un país respecto a sus ingresos, menor es la demanda doméstica y mayor el tipo de cambio real; y que el Estado puede contribuir a ese ahorro nacional. Pero esta parte conceptualmente coherente tiene un problema de magnitudes: ¿cuánto afecta a la demanda de empleo, y por lo tanto al salario real, y por lo tanto al tipo de cambio real, una diferencia de dos puntos en el balance fiscal? Poquito, muy poquito. Superávit o no, el Big Mac va a salir 12 pesos porque es lo que tiene que salir en un país como la Argentina.
viernes, abril 25, 2008
zafamos cagando
(Cambiando un poco de tema)
This suggests the early human population was tiny (so the opportunities for new matrilines to evolve in the first place were limited) and reinforces the idea that Homo sapiens may have come close to extinction (eliminating some matrilines that did previously exist). Indeed, there may, at one point, have been as few as 2,000 people left to carry humanity forward.
al pronosticador del mes
Muchos lo pensábamos, muchos creemos que lo pensábamos, pero él lo dijo.
el testamento
Esto es inédito. La mañana después de la reuncia del ministro, tenés online el documento Word con el fallido plan antiinflacionario. (por si quedan dudas, la "Organización" que aparece como autora del documento en las "Propiedades" de Word es MECON). El plan de los estabilizadores caídos en desgracia tiene tantas perlas que hay que leerlo entero. De los 12 bullet points, por lo menos cinco son palos teledirigidos: dos a Moreno, uno a De Vido, uno a Redrado y uno -menos claro- a Moyano.
¿Pueden hacerse circular cosas como estas: "A esta altura vuelve a quedar claro lo que se discutía en noviembre con respecto a la falta de credibilidad del INDEC en general y del IPC en particular"; o "Mantenimiento por unos meses del actual nivel del tipo de cambio, apuntando a no exceder el $3.25-3.30 a fin de año: La competitividad del tipo de cambio es un pilar fundamental del modelo económico. Sin embargo, depreciar más el Peso en estos momentos contribuiría a la inflación por múltiples vías y podría generar desconfianza y hacer que la gente se vuelque hacia el dólar"?
la noticia del día
Para mí fue esta. OK, "paro del campo". Pero lo que dicen los libros es que eso debería dar lugar a un cambio de precios relativos. No así en una economía inflacionaria. Cuidado: para Artemio la canasta ya bajó en abril todo lo que subió en marzo.
Otra noticia, esta vez buena: Martín Redrado, el presidente del Banco Central que cuadruplicó la tasa de inflación, no será ministro de Economía. Mejor así. Es fundamental que se mantenga en el Banco Central: en su cabeza está buena parte del shock psicológico del plan de estabilización.
Otra noticia, esta vez buena: Martín Redrado, el presidente del Banco Central que cuadruplicó la tasa de inflación, no será ministro de Economía. Mejor así. Es fundamental que se mantenga en el Banco Central: en su cabeza está buena parte del shock psicológico del plan de estabilización.
fernández
Cristina, Alberto, Aníbal, Carlos -- en el nombre de la rosa está la rosa, y todo el Nilo en la palabra Nilo. "El apellido Fernández se trata de una derivación del nombre propio Hernando o Fernando..."
Go!
Aparecieron las cifras del intercambio comercial argentino del primer trimestre. En valor, las exportaciones subieron 42%, las importaciones 40%. En volumen, 8% y 28%.
miércoles, abril 23, 2008
inflación alta, dolar quieto: ¿qué terminará primero?
¿El dólar? “¿Quién vio un dólar?”, dijo alguna vez Perón. Estos años han sido para el billete de Washington de los peores que se recuerde, tanto como para mercerse el desdén que alguna vez le prodigó el General. Monedas de países exóticos han ganado valor frente a la norteamericana: desde hace un año, el peso filipino ha subido 10% frente al billete verde, el nuevo sol peruano 15% y la rupia de Mauricio 20%. De una lista de 84 monedas nacionales del sitio XE.com, sólo 7 han sido más débiles que la norteamericana.
Entre ellas se encuentra el peso argentino, que ha ido perdiendo tres o cuatro centavitos frente al dólar en cada uno de los últimos años. Considerando ese mensaje de nuestro Banco Central (“el tipo de cambio tiene un piso que puede elevarse de a poco”) nadie cree que el dólar pueda ir a $2,80; pero hoy por hoy ya son pocos los que se animan a asegurar que en ningún momento alcanzará $3,40. El dato clave para sospechar que en algún momento el peso perderá valor frente a monedas duras -la del país más poderoso del mundo para nosotros todavía lo es- es la marcha de los precios. Con dólar quieto y una inflación anual de 25%, el país sería a fin de año un 25% más caro, en términos de dólar, que a principios de año.
Esa evolución plantearía al menos tres grandes problemas. En primer lugar: las empresas que compiten con producción extranjera –sea con importaciones que entran a nuestro país o vendiendo en el exterior– perderían un 25% de competitividad, si es que los costos en dólares en otros lado se mantienen constantes (Esto depende, a su vez, de la evolución del dólar frente a otras monedas: muchos países ganarían competitividad adicional frente a la Argentina si sus signos monetarios perdieran valor frente a un dólar en recuperción). Además, la balanza externa favorable puede resentirse o hasta revertirse, a la manera de la tablita o la convertibilidad, si la Argentina queda demasiado cara en términos de dólar. En tercer lugar, el mix de inflación –en particular, inflación salarial– y dólar quieto va carcomiendo el excedente de uno de los grandes beneficiarios de la devaluación: el Tesoro Nacional. El Estado tiene una buena parte de sus ingresos atados al dólar (las retenciones) y otra asociada a la evolución de los precios (IVA, por ejemplo). Del lado de los gastos, la proporción que sigue al dólar (los intereses de la deuda en moneda dura) es algo menor, y mayor la que está asociada directa o indirectamente a la evolución salarial. Una inflación como la de estos últimos dos años (mucho en salarios, bastante en precios, casi nada en dólar) empuja más a los gastos que a los ingresos, y va corroyendo el ahorro fiscal.
Competitividad, superávit externo, superávit fiscal: los tres grandes pilares del modelo están siendo víctimas de la combinación de dolar quieto y precios en alza. Las consecuencias podrían ser graves. El encarecimiento los costos en dólares podría detener el crecimiento en la producción y el empleo. El deterioro de los balances externo y fiscal podría ensombrecer la calificación de riesgo de la Argentina. Ya hay signos de todo eso: se percibe cierta desaceleración económica en el último par de meses, el riesgo país alcanza sus máximos post-reestructuración de la deuda y la cantidad de importaciones crece al doble que las exportaciones (40% vs 20%). La magia de los precios internacionales inéditos modera todo eso: los ingresos excepcionales de la exportación siguen empujando a la economía y a los ingresos fiscales, y hacen que en el platillo de entrada de la balanza comercial todavía haya más dólares que en el de salida.
¿Cómo puede reaccionar el gobierno? La discusión sobre las posibles consecuencias de una depreciación moderada ya están en el aire. De un solo saque (una devaluación de 20%, digamos) podría barajarse y dar de nuevo, reforzando los superávits gemelos (público y externo) y la competitividad de la economía argentina. La viabilidad de ese camino depende de cuánto reaccionen los precios internos ante la devaluación. En este sentido, la experiencia de 2002 puede llevar a confusiones. En aquel entonces, la devaluación no afectó inmediatamente a muchos precios internos (salvo, claro, los que tienen cotización internacional) por dos circunstancias bien diferentes a las actuales. En un contexto de más de 20% de desempleo no había margen para aumentos salariales; y la economía venía con envión deflacionario más que inflacionario. Hoy la situación es inversa: con desempleo ya debajo de 10% y expectativas de inflación creciente, lo más probable es que una devaluación sólo acelere la inflación. El efecto buscado se cancelaría en poco tiempo, y nos encontraríamos en pocos meses (ya con el runrún electoral en el horizonte) con una inflación más alta.
Considerando lo inmediatamente riesgoso de este camino, es más posible que el gobierno no quiera tomarlo por el momento. ¿Cuáles son las alternativas? Una es el “dulce hacer poco” de la primera presidencia kirchnerista: esperar que los astros se sigan alineando, agregarle algún mérito propio –en especial, moderar el gasto público– y rezar para que la inflación ceda antes de que este dólar sea insostenible. Es un sendero con bajas chances de éxito, y que en caso de fracaso nos presentaría en algunos meses con el mismo dilema pero recrudecido en sus tres facetas de competitividad, externa y fiscal. La devaluación necesaria sería mayor, y posiblemente también su repercusión inflacionaria.
Una tercera alternativa implica un poco más de esfuerzo hoy –en particular, el dolor psicológico de reconocer el problema inflacionario en toda su dimensión– pero acaso más chances para el gobierno de llegar entero al 2009. Se trata nada más ni nada menos que de un plan de estabilización, que incluya elementos ortodoxos (un sistema monetario de metas de inflación, una consolidación fiscal de largo palzo) y heterodoxos (negociaciones salariales centralizadas) para tratar de abatir la inflación antes de que el dólar sea insostenible. No parece, por el momento, una salida que esté en consideración de los Kirchner.
mi amigo no sabe si hacer a su hijo de river o de tigre
Y, para variar, opino:
"Si la idea es que sea un telehincha, lo tenés que hacer de un grande. si la idea es que vaya un poco a la cancha, hacelo de un equipo más chico. contra lo que se piensa en este foro, ir a la cancha con equipo chico -ochenta locos gritando "una cosa que empieza con C...Central"!- es una experiencia mucho más intensa e irrepetible que el circo romano de la bombonera. Si sos de Boca y salís campeón no te sentís especial, la gente se felicita mutuamente. Si sos de Central y le ganás a river, te llegan 14 mails de congratulaciones. La felicidad no es ganar campeonatos, es superar las expectativas, que en un equipo chico son más humildes. Una vez dimos vuelta un 0-1 contra Platense en los últimos 10 minutos (goles de Vázquez y el Puma Rodríguez) y te juro por mi madre que éramos 80 cortando la avenida maipú. Otra vez fuimos 60 tomados de las manos haciendo una ronda alrededor del obelisco al grito de "Aldo Poy, Aldo Poy, el Papá de Ñuls Ol Boys". Los peatones preguntaban qué hacíamos. Estábamos festejando un gol de 25 años atrás. Era un martes a la madrugada"
"Si la idea es que sea un telehincha, lo tenés que hacer de un grande. si la idea es que vaya un poco a la cancha, hacelo de un equipo más chico. contra lo que se piensa en este foro, ir a la cancha con equipo chico -ochenta locos gritando "una cosa que empieza con C...Central"!- es una experiencia mucho más intensa e irrepetible que el circo romano de la bombonera. Si sos de Boca y salís campeón no te sentís especial, la gente se felicita mutuamente. Si sos de Central y le ganás a river, te llegan 14 mails de congratulaciones. La felicidad no es ganar campeonatos, es superar las expectativas, que en un equipo chico son más humildes. Una vez dimos vuelta un 0-1 contra Platense en los últimos 10 minutos (goles de Vázquez y el Puma Rodríguez) y te juro por mi madre que éramos 80 cortando la avenida maipú. Otra vez fuimos 60 tomados de las manos haciendo una ronda alrededor del obelisco al grito de "Aldo Poy, Aldo Poy, el Papá de Ñuls Ol Boys". Los peatones preguntaban qué hacíamos. Estábamos festejando un gol de 25 años atrás. Era un martes a la madrugada"
somos extraordinarios
Gran aporte de Elemaco: me manda a este sitio, donde puede verse la política comercial en materia de alimentos de todo el mundo. Cuando uno aprieta "Export Tax" sólo quedan los siguientes países:

Pero en Indonesia, Rusia y Ucrania los productos son poquitos:



Las tasas son de 1,5% para el aceite de ¿palma? en Indonesia, de 20% para el girasol y la rapeseed (¿semilla de la violación?) en Rusia, y 16% para la semilla de girasol en Ucrania. En Argentina, en cambio, tenés todo esto:

a las tasas que conocemos. O mejor dicho que discutimos.
Vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: Tercera Posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Pero en impuesto a las exportaciones, los número 1.

Pero en Indonesia, Rusia y Ucrania los productos son poquitos:



Las tasas son de 1,5% para el aceite de ¿palma? en Indonesia, de 20% para el girasol y la rapeseed (¿semilla de la violación?) en Rusia, y 16% para la semilla de girasol en Ucrania. En Argentina, en cambio, tenés todo esto:

a las tasas que conocemos. O mejor dicho que discutimos.
Vicecampeón del mundo en cualquier cosa, en lo que salga: Tercera Posición, energía nuclear, justicialismo, vacas, tango, coraje, puños, viveza y elegancia.
Pero en impuesto a las exportaciones, los número 1.
martes, abril 22, 2008
porteños y provincianos
¿Se puede ser porteño y provinciano? Sí, porteño por nacimiento y provinciano en términos globales: miramos nuestro ombligo. Algo así parece sugerir el amigo Mario: tanta alharaca por las retenciones y al final resulta que muchos países pusieron restricciones a las exportaciones de alimentos para llenarle el estómago a sus buenas gentes. Lo hicieron "casi toda Asia, algunos de Europa oriental y Oceanía, un par de Africa, la Argentina". Así surge, dice, de este buenísimo mapa del Financial Times.
Seré porteño y provinciano (lo soy de otro modo también: viviendo a 10 cuadras de la General Paz, del lado de afuera, muchas veces me he sentido suficientemente no porteño como para poder gritar desde la tribuna de Central el "Porteños, hijos de puta..." dedicado a un Teodoro Nitti o a un Pancho Lamolina) pero sigo inconvencido. En primer lugar: "casi todo Asia" en términos de superficie, no en términos de cantidad países. En segundo lugar -y más improtante-: ¿En cuál/es de esos países las exportaciones alimentarias representan lo que representan para la Argentina? ¿En cuáles las retenciones son del nivel que tienen en la Argentina? En otras palabras: me gustaría ver un cuadro con la proporción "Recaudación de impuestos a las exportaciones / exportaciones totales". Apuesto a que figuramos primeros.
Seré porteño y provinciano (lo soy de otro modo también: viviendo a 10 cuadras de la General Paz, del lado de afuera, muchas veces me he sentido suficientemente no porteño como para poder gritar desde la tribuna de Central el "Porteños, hijos de puta..." dedicado a un Teodoro Nitti o a un Pancho Lamolina) pero sigo inconvencido. En primer lugar: "casi todo Asia" en términos de superficie, no en términos de cantidad países. En segundo lugar -y más improtante-: ¿En cuál/es de esos países las exportaciones alimentarias representan lo que representan para la Argentina? ¿En cuáles las retenciones son del nivel que tienen en la Argentina? En otras palabras: me gustaría ver un cuadro con la proporción "Recaudación de impuestos a las exportaciones / exportaciones totales". Apuesto a que figuramos primeros.
lunes, abril 21, 2008
a martín con cariño
La movilidad de las retenciones sirve para que a los granjeros argentinos no les pase como a los norteamericanos, en cuya rentabilidad pesa más la decisión de vender a futuro en el momento apropiado que el tamaño de sus cosechas. Así lo cuenta el NYTimes.
premios y castigos
Gran mensaje antiinflacionario: nos cuenta Pagni que el candidato a suceder a Lousteau es el presidente del Banco Central durante cuyo mandato se cuadruplicó la tasa de inflación. En Nueva Zelanda, por ejemplo, el presidente del Banco Central tiene un mandato protegido pero el ministro de Finanzas tiene derecho a echarlo si le erra a la meta de inflación.
domingo, abril 20, 2008
the road not taken
Decíamos el otro día para defender la hipótesis cambiaria de nuestra inflación que la experiencia brasileña era un hermoso contrafáctico: con precios similares en dólares en 2003, ambos nos teníamos que revaluar. Two roads diverged in the yellow woods: nosotros elegimos el menos transitado, el de apreciación real por la vía de la inflación. Incluso devaluamos un poquito para asegurar.
El índice Big Mac viene a nuestra ayuda. En efecto, en abril de 2003 el Big Mac costaba en la Argentina $4,10, en Brasil R$ 4,55. Los tipos de cambio eran 2,88 pesos por dólar y 3,09 reales por dólar. Es decir, casi la misma cosa en términos nominales y más aún en términos de dólar: US$1,42 nuestro Big Mac, US$ 1,48 en Brasil. En ambos casos, era un Big Mac barato para estándares internacionales.

Habrá que esperar el dato de este año para un análisis que incluya la inflación de los últimos meses. Normalmente es en abril, lo cual me hizo pensar que el Big Mac de 5,50 que me comí el otro día como gran ofertón fue una maniobra de Moreno para que sigamos figurando como un país muy competitivo.
Pero la data de 2007 ya nos dice algo: Brasil eligió apreciación nominal y así todo el Big Mac le subió 50% en cuatro años -- una inflación anual de cerca de 10%. A nosotros se nos duplicó, y eso que el Big Mac aparecía todavía comparativamente barato en 2007. Concretamente: casi un dólar más barato que en Brasil (ver columna "Big Mac prices in dollars"). Es decir que para llegar al mismo nivel que Brasil en 2007 todavía nos faltaban 36 puntos porcentuales de inflación.
En otras palabras: si entre 2003 y 2007 la Argentina iba a apreciarse en términos de dólar lo mismo que Brasil, pero quería mantener una política de tipo-de-cambio-nominal-con-piso-pero-sin-techo, necesitaba en 2007 un Big Mac de (US$3,61 x 3,09 = 11,15 pesos). Para llegar de los $4,10
El índice Big Mac viene a nuestra ayuda. En efecto, en abril de 2003 el Big Mac costaba en la Argentina $4,10, en Brasil R$ 4,55. Los tipos de cambio eran 2,88 pesos por dólar y 3,09 reales por dólar. Es decir, casi la misma cosa en términos nominales y más aún en términos de dólar: US$1,42 nuestro Big Mac, US$ 1,48 en Brasil. En ambos casos, era un Big Mac barato para estándares internacionales.

Habrá que esperar el dato de este año para un análisis que incluya la inflación de los últimos meses. Normalmente es en abril, lo cual me hizo pensar que el Big Mac de 5,50 que me comí el otro día como gran ofertón fue una maniobra de Moreno para que sigamos figurando como un país muy competitivo.
Pero la data de 2007 ya nos dice algo: Brasil eligió apreciación nominal y así todo el Big Mac le subió 50% en cuatro años -- una inflación anual de cerca de 10%. A nosotros se nos duplicó, y eso que el Big Mac aparecía todavía comparativamente barato en 2007. Concretamente: casi un dólar más barato que en Brasil (ver columna "Big Mac prices in dollars"). Es decir que para llegar al mismo nivel que Brasil en 2007 todavía nos faltaban 36 puntos porcentuales de inflación.
En otras palabras: si entre 2003 y 2007 la Argentina iba a apreciarse en términos de dólar lo mismo que Brasil, pero quería mantener una política de tipo-de-cambio-nominal-con-piso-pero-sin-techo, necesitaba en 2007 un Big Mac de (US$3,61 x 3,09 = 11,15 pesos). Para llegar de los $4,10




