Con el argumento de Oviedo me pasa como con el de Anselmo sobre la existencia de Dios: ante todo, no lo entiendo, pero me da toda la impresión de que si lo entendiera no lo creería. Oviedo dice que usar los presupuestos de los hogares de 2004 y 2005 es "absurdo" porque se parte de la canasta de consumo de un momento extraordinario. No entiendo cómo, sostiene que la caída que se ha estimado en la participación de los alimentos, en comparación con 1997, se debe a los elevados precios relativos de los alimentos, comparados con otros productos. Mi intuición me dice que si los alimentos suben mucho de precio, su participación (precio x cantidad / gasto total) va a subir, no a bajar. No sé, que alguien mida las elasticidades-precio, pero me parece difícil que la gente se alimente la mitad si los alimentos duplican su precio. Yo diría que la reducción en la participación de alimentos se da a pesar de que subieron sus precios.
En todo caso, el cambio de precios relativos al consumidor tampoco es taaan brutal: por ejemplo, alimentos vs resto de la canasta es 120% contra 90% desde la deva. Qué sé yo cuál estructura de precios es más "normal". De hecho, las diferencias entre las canastas de 1997 y 2004/2005 tampoco son abismales si se analiza a nivel de grandes grupos:
El Indec también compara los datos de la última encuesta de hogares con los de 1996-97. Según la medición oficial, en los últimos diez años la incidencia de los alimentos se redujo en más de un punto (en 1996 su peso relativo en el gasto llegaba al 34%), mientras que la de los servicios públicos (agua, electricidad, gas) cayó del 12,8% al 10,8 por ciento.¿Cuánto puede ser el efecto de todo esto en el IPC? Por ejemplo, miremos la caída de 2 puntos en la participación de las tarifas (que es uno de los argumentos de Oviedo: se ha dibujado hacia abajo el peso de las tarifas para que después impacten menos los ajustes). Imaginemos que las tarifas suben al 30% anual y el resto de los bienes al 10%. Con la vieja canasta, la inflación anual daría 12,16%. Con la nueva, 12,56%.
Por el contrario, en los últimos años creció la participación en el gasto del transporte (pasó del 13,9% al 15,2%) y de la indumentaria y calzado (del 7,2% al 8,3 por ciento).
A mí lo que me parece es que por cada demonio autoritario que de veras anda dando vueltas por ahí, los republicanos ven otros diez fantasmas.