Socialistas eran los de antes
El primero de junio de 1920 Hipólito Yrigoyen y su ministro de Hacienda Domingo Salaberry enviaron un proyecto al Congreso “tendiente a aliviar la difícil situación creada al consumo por la elevación del precio del trigo”. Para los firmantes del proyecto el país “se hallaba en presencia de uno de los más complejos problemas de lógica económica”. La valorización anhelada de de su producción traía como necesaria consecuencia el encarecimiento de los consumos. Y si bien esa valorización era “riqueza y estímulo a todas las actividades del progreso nacional, altera sensiblemente, en un momento dado, la normalidad de los precios en los consumos internos correlativos”. El resultado de esta reflexión fue un proyecto de ley solicitándole a los legisladores impuestos adicionales al trigo, a la harina y demás subproductos que se exporten de modo de disminuir “el actual precio de consumo de pan y demás derivados de la harina”.
El proyecto se trató sobre tablas al día siguiente. Con una artificiosa modificación –usar el dinero recaudado para compensar a los agricultores con un programa de construcción de escuelas rurales– los socialistas van a votar a favor del proyecto, pero pese a ello Juan B. Justo interviene porque no soporta los argumentos que escucha:
Henos aquí ante un Justo de discurso productivista pero que como tradicional abanderado de los consumidores apoya un proyecto que le repugna. Por las hendijas de su vacilación se cuela la respuesta burlona de su amigo, el radical Víctor Molina: no hace falta esta ley para llevar instrucción al campo; “…pero antes de llevar a los niños a la escuela, es menester tener en cuenta que necesitan comer el pan o la galleta y que mientras no les demos galleta barata… los criaremos imperfectamente impidiendo su desarrollo, y será inútil que les demos salud del espíritu si no les damos previamente salud del cuerpo y los dejamos morir de hambre”.Este tema de la carestía de la vida es de aplicación propicia para el curanderismo político… Ha subido en el mundo el precio de la carne y el trigo; somos un pueblo esencialmente productor de carne y trigo, ¿y vamos a estar conspirando contra la elevación del precio del trabajo nacional? Ello importaría la demostración más evidente de que somos miopes políticamente hablando… La política nacional en materia de ferrocarriles, de puertos y de frigoríficos, ¿a qué ha tendido sino a hacer que se equilibre el precio nacional del trigo y de la carne con el precio mundial de esos productos? Necesariamente hemos construido ferrocarriles y puertos para que la carne y el trigo se encarezcan en nuestro país. Y en buena hora si de ese encarecimiento el trabajo nacional ha de salir mejor retribuido. Por eso es que repetidas veces hemos dicho: ¿cuál es la política que se impone ante esta elevación necesaria y saludable del precio del trigo y de la carne? Dejar que esos mismos puertos y esos mismos ferrocarriles sirvan para que entren al país los productos extranjeros que necesitamos… y entren libres de gravámenes de aduana, o bajo un sistema menos gravoso que el actual. Eso es lo que no se ha querido comprender, y por eso estamos siempre en el curanderismo político.
Para el lector, una pregunta y una adivinanza. La pregunta: ¿quién cree que tiene razón? ¿Molina y el Justo que va a votar el proyecto o el Justo que rechaza su fundamento? La adivinanza: ¿cuál cree usted que fue el destino del proyecto?





























y mide 25 centímetros, la mitad de los 50cm que mide un recién nacido no prematuro. No sé cuántas semanas llevaría de embarazo. Hoy por hoy, 

