Vamos primero por el comercial. Sí, está bajando: en los primeros tres meses fue un 29% más bajo que en el primer trimestre del año pasado. Y en verdad hay que corregir por crecimiento: en el primer trimestre del 2006 el superávit equivalía a un 26% de las exportaciones, este año representan un 17%. ¿Preocupante?
Para mí, no demasiado. Nos permite decir, ahora sí, eso de que "la demanda está creciendo mucho". "¿Mucho comparado con qué?", me preguntaba yo, porque el superávit comercial indicaba que la demanda interna seguía siendo menor que la producción, que me parece el único listón más o menos razonable con el que comparar la demanda. Ahora la demanda sigue siendo menor que la producción, pero no tanto menor. Si nos molesta que uno de los gemelos se achique, habrá que moderar la expansión de la demanda. Y lograría de paso atemperar la inflación. No es, claro, lo que yo recomendaría. La inflación y la caída del superávit comercial son a mi juicio dos muestras de que la economía marcha a su equilibrio externo y de tipo de cambio real. Me gustaría el camino de la apreciación nominal, pero creo que ya es un poco tarde para eso. Casi que me conformo con la no-depreciación (que juzgo improbable).
En todo caso, sí vale considerar el argumento de que nuestro superávit es puro efecto precios. No lo es. Alguna vez miramos la serie larga de "sesgo al endeudamiento" de la Argentina, definiéndolo como el balance comercial valuado a términos de intercambio "normales", normales meaning el promedio de los últimos años, y expresado todo como proporción de las exportaciones para desembarazarnos del efecto del crecimiento. Acabo de agregar los años kirchneristas, y da algo así:

Valuando la balanza comercial a términos de intercambio históricos, el superávit sigue siendo superávit. Menor, pero nada dramático. Claro que precios buenos generan también un efecto cantidad: es más rentable sembrar. Pero en fin, eso ya es difícil de medir. Y de todas maneras uno podría hacerse esa pregunta que históricamente tiene una respuesta errada, pero nunca se sabe: ¿no será que estamos ante una "nueva normalidad", en este caso de precios mejores?
Un dato solo del otro gemelo encogido, el fiscal. Los números dicen que subió apenas 3,6% medido en pesos, esto es, bajó en términos reales, y mucho más comparado con el PBI. Igual cuando uno mide contra el PBI surge una baja pequeña: de 0,86% a 0,74%. Peanuts. Es que el año fiscal no se define en el primer trimestre, sino a partir del segundo, cuando el superávit se ensancha por Ganancias et al. En todo caso, las apuestas dicen que acá sí hay una tendencia, difícil de revertir por la combinación de año electoral e inflación salarial ya no adversa a los empleados públicos, los hasta ahora, felizmente, grandes perdedores de la devaluación.